Posts Tagged ‘Mateo 11:28’

Noviembre 4

Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros..“, Santiago 4:8

Es esencial darle a la gente la oportunidad de actuar de acuerdo con la verdad de Dios y la responsabilidad debe reposar sobre cada individuo. No puedes actuar por alguien más. Debe ser su propio acto deliberado, pero el mensaje del Evangelio siempre debe llevarlo a la acción. La parálisis de negarse a actuar deja al hombre exactamente donde se encontraba antes. Sin embargo, una vez que actúa, nunca será el mismo. La aparente locura de la verdad es lo que ha obstaculizado a centenares de almas a quienes el Espíritu de Dios ha convencido de pecado.

Tan pronto me apresuro a actuar, empiezo a vivir. Todo lo demás es existir por existir. Los momentos que realmente vivo son aquellos en los que actúo con toda mi voluntad.

Nunca permitas que una verdad de Dios que haya llegado a tu alma pase de largo sin que obres en consecuencia, no necesariamente en un nivel físico, pero sí en tu voluntad. Grábala, con tinta y con sangre; introdúcela en tu vida. El creyente más débil que se compromete con Jesucristo es libre en el instante en que actúa. Toda la omnipotencia del Señor queda disponible a su favor. Nos acercamos a la verdad de Dios, confesamos que hemos actuado mal, pero fallamos nuevamente. Luego nos acercamos una vez más, pero volvemos a fallar, hasta que finalmente aprendemos que no debemos retroceder. Cuando nos enfrentamos a alguna palabra de verdad de nuestro buen Señor, debemos movernos directamente hacia el cierre de nuestro compromiso con El. “Venid a mi…”, Mateo 11:28. La palabra venid quiere decir “actuar”. Sin embargo, lo último que hacemos es acercarnos a Él. Pero todo aquel que lo hace sabe que en ese instante la vida sobrenatural de Dios lo invade. El poder dominante del mundo, la carne y el diablo queda paralizado, no por su acto, sino porque éste te ha unido a Dios y a su poder redentor.

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

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Octubre 8

Venid a mí...”, Mateo 11:28

Septiembre 13

He acabado la obra que me diste que hiciera“, Juan 17:4

La verdadera entrega no es la de nuestra vida exterior, sino la de la voluntad. Y cuando nos rendimos así, no queda nada por hacer. La crisis más grande que podemos enfrentar es la entrega de nuestra voluntad. Sin embargo, Dios nunca nos obliga ni nos ruega para que lo hagamos. Él espera con paciencia hasta que voluntariamente nos rindamos a Él. Una vez que se ha ganado esa batalla, nunca más será necesario librarla.

Entrega para liberación. “Venid a mí… y yo os haré descansar”, Mateo 11:28. Nosotros rendimos nuestra voluntad a Jesús para obtener descanso solo después de que comenzamos a experimentar lo que significa la salvación. Cualquier cosa que esté creando una sensación de inseguridad en realidad es un llamamiento a nuestra voluntad: “Venid a mí”. Es un acercamiento voluntario.

Entrega para consagración. “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese e a sí mismo”, Mateo 16:24. Aquí soy yo quien se rinde a Jesús, con el descanso de Él en mi corazón. “Si quieres ser mi discípulo, debes renunciar a tus derechos y cedérmelos a mí”. Después, lo que resta de la vida solo es la manifestación de esa entrega. Nunca más deberías preocuparte por lo que el futuro te depare. Sin importar cuáles sean tus circunstancias, Jesús es más que suficiente (ver 2 Corintios 12:9 y Filipenses 4:19).

Entrega para muerte. “…Te ceñirá otro…”, Juan 21:18-19. ¿Has aprendido lo que significa ser ceñido para la muerte? Ten cuidado de rendirte a Dios en un momento de éxtasis, pues luego podrías retractarte. La verdadera entrega consiste en estar unido con Jesús en la semejanza de su muerte, hasta que no pueda interesarte nada que no le haya interesado a Él.

Y después de que te rindas, ¿qué? Tu vida entera se caracterizará por la aspiración de mantener una inquebrantable comunión y unidad con Dios.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Agosto 20

Y yo os haré descansar“, Mateo 11:28

En el mismo instante que algo empiece a desintegrar tu relación con Jesucristo, vuélvete a Él y pídele que restaure tu descanso.

Nunca le des cabida a lo que te roba la paz. Asume cada factor de desintegración como algo contra lo cual debes luchar y no tolerar. Pídele al Señor que haga evidente en ti la conciencia de Él, pues así la conciencia que tienes de ti mismo desaparecerá y el Señor será tu todo, en todo. No permitas que continúe esta conciencia de ti mismo, porque lenta e inexorablemente despertará en ti la autocompasión, la cual es satánica. No te permitas decir: “Bueno, como me malinterpretaron deberían presentarme excusas. Estoy seguro de que realmente debo insistir en que se aclare el asunto”. En esto aprende a dejar tranquilos a los demás. Sencillamente pídele al Señor que te dé la conciencia de Cristo y Él te dará el equilibrio necesario hasta que estés verdaderamente completo en Él.

La vida perfecta y completa es la vida de un niño. Cuando soy consciente de mi conciencia, algo anda mal. Aquel que está enfermo es quien sabe realmente lo que es la salud. Un hijo de Dios no es consciente de la voluntad de Dios porque él es la voluntad de Dios. Cuando ha habido el menor alejamiento de esa voluntad, empezamos a preguntar: “Señor, ¿cuál es tu voluntad?” Un hijo de Dios nunca ora pidiendo ser consciente de que Él contesta la oración, pues todo el tiempo está apaciblemente seguro de que siempre lo hace.

Si tratamos de vencer la conciencia que tenemos de nosotros mismos por cualquier método de nuestro sentido común, lo que haremos es desarrollarla enormemente. Jesús dice: Venid a mí y yo os haré descansar, es decir, la conciencia de Él tomará el lugar de la nuestra. Jesús establece su reposo en cualquier sitio donde va, un reposo por causa de la perfección de la actividad en nuestra vida de la cual estamos conscientes.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

 

Agosto 19

Venid a mí…“, Mateo 11:28

Dios quiere que vivamos una vida plena en Cristo Jesús, pero, como en ocasiones esa vida es atacada desde el exterior, caemos en un estado de introspección, un hábito que creíamos había desaparecido. La conciencia de nosotros mismos es lo primero que trastorna la plenitud de nuestra vida en Dios y lo que continuamente nos produce un sentimiento de lucha y confusión. Ser consciente de mi mismo no es un pecado. Este sentimiento se puede producir debido a que tengo un temperamento nervioso o por tener que enfrentar repentinamente nuevas circunstancias. Sin embargo, la voluntad de Dios es que estemos absolutamente completos en Él, nada menos. Cualquier situación que perturbe nuestro descanso en Él debe ser inmediatamente rectificada, lo cual no se logra ignorándola, sino acudiendo a Jesucristo. Si lo hacemos y le pedimos que cree en nosotros una conciencia suya, el Señor siempre lo hará hasta que aprendamos a permanecer en Él.

Nunca dejes de enfrentar aquello que destruye la unidad de tu vida con Cristo. Cuídate de permitir que la influencia de los amigos o las circunstancias dividan tu vida. Esto solamente sirve para minar tu fortaleza y retrasar tu desarrollo espiritual. Evita cualquier cosa que divida tu unidad con Él y te haga ver a ti mismo de manera separada. Nada es tan importante como mantenerse bien espiritualmente. Y la única solución es muy sencilla: Venid a mí. Estas palabras prueban la profundidad de nuestra realidad intelectual, moral y espiritual como personas. Sin embargo, en cada caso en que no somos hallados reales, preferimos discutir en lugar de ir a Jesús.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

 

Junio 11
Venid a mí… Mateo 11:28

Venid a mí donde cesan el pecado y la aflicción y empieza la canción del santo. ¿Verdaderamente quiero llegar a ese sitio? Puedo hacerlo ahora mismo. Es sorprendente que las preguntas importantes de la vida son pocas, y todas tienen respuesta en las palabras venid a mí. No “haz esto, o no hagas aquello”, sino venid a mí. Si voy a Jesús, mi vida actual se pondrá de acuerdo con mis verdaderos deseos. Realmente voy a dejar de pecar y descubriré que, en mi vida, empieza el canto del Señor.

¿Alguna vez has ido a Jesús? Mira la obstinación de tu corazón. Estás dispuesto a hacer cualquier cosa antes que el sencillo ven a mí. Si realmente quieres experimentar la victoria sobre el pecado, tienes que acudir a Jesús. Jesucristo se convirtió en la prueba que determina la autenticidad. Fíjate cómo usa la palabra venid. En los momentos menos esperados de tu vida se oye el susurro del Señor, venid a mí, e inmediatamente eres atraído hacia Él. El contacto personal con Jesús lo cambia todo. Sé lo bastante “tonto” como para acercarte y confiar en lo que El dice. La actitud de ir se manifiesta cuando tu voluntad decide abandonarlo todo y de manera consciente le confías todo a El.

“Y yo os haré descansar”, es decir, “te sostendré”. No dice: “Te pondré en la cama, te tomaré de la mano y te arrullaré hasta que te duermas”, sino, “te haré levantar de la cama, te sacaré de la apatía y el cansancio y de sentirte medio muerto aunque estás vivo. Te infundiré el espíritu de vida y te sostendrás mediante la perfección de la actividad vital”. ¡Sin embargo, asumimos una actitud de lástima y hablamos de “soportar la voluntad del Señor!” ¿Dónde se encuentran la majestuosa vitalidad y poder del Hijo de Dios en eso?

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Noviembre 4

Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros…“, Santiago 4:8

Es esencial darle a la gente la oportunidad de actuar de acuerdo con la verdad de Dios y la responsabilidad debe reposar sobre cada individuo. No puedes actuar por alguien más. Debe ser su propio acto deliberado, pero el mensaje del Evangelio siempre debe llevarlo a la acción. La parálisis de negarse a actuar deja al hombre exactamente donde se encontraba antes. Sin embargo, una vez que actúa, nunca será el mismo. La aparente locura de la verdad es lo que ha obstaculizado a centenares de almas a quienes el Espíritu de Dios ha convencido de pecado.

Tan pronto me apresuro a actuar, empiezo a vivir. Todo lo demás es existir por existir. Los momentos que realmente vivo son aquellos en los que actúo con toda mi voluntad.

Nunca permitas que una verdad de Dios que haya llegado a tu alma pase de largo sin que obres en consecuencia, no necesariamente en un nivel físico, pero sí en tu voluntad. Grábala, con tinta y con sangre; introdúcela en tu vida. El creyente más débil que se compromete con Jesucristo es libre en el instante en que actúa. Toda la omnipotencia del Señor queda disponible a su favor. Nos acercamos a la verdad de Dios, confesamos que hemos actuado mal, pero fallamos nuevamente. Luego nos acercamos una vez más, pero volvemos a fallar, hasta que finalmente aprendemos que no debemos retroceder. Cuando nos enfrentamos a alguna palabra de verdad de nuestro buen Señor, debemos movernos directamente hacia el cierre de nuestro compromiso con El. “Venid a mi…”, Mateo 11:28. La palabra venid quiere decir “actuar”. Sin embargo, lo último que hacemos es acercarnos a Él. Pero todo aquel que lo hace sabe que en ese instante la vida sobrenatural de Dios lo invade. El poder dominante del mundo, la carne y el diablo queda paralizado, no por su acto, sino porque éste te ha unido a Dios y a su poder redentor.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Octubre 22

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu“, Romanos 8:16

Cuando nos acercamos a Dios, corremos el peligro de ir con una actitud negociadora para hacer trueques con Él. Queremos el testimonio del Espíritu antes de haber obedecido lo que el Señor nos ordena. Entonces, nos preguntamos: “¿Por qué Dios no se me revela?” No puede. Él quiere hacerlo, pero no puede porque tú se lo estas impidiendo al no rendirte por completo a Él. Tan pronto lo hagas, Dios te dará el testimonio de sí mismo. Él no puede testificarte a ti, pero le da testimonio inmediato a su propia naturaleza cuando ella se encuentra en ti. Si tuvieras el testimonio antes que la realidad, todo terminaría en un estado emocional. Pero cuando actúas fundamentado en la redención y desistes de la impertinente costumbre de discutirle, Él de inmediato te da el testimonio. En cuanto renuncias a tus razonamientos y argumentos, Él da testimonio de lo que ha hecho y tú te asombras de cuán irrespetuoso fuiste al haberlo hecho esperar. Si tienes dudas en cuanto a que Dios te pueda liberar del pecado, permítele que lo haga o dile que no puede. No cites a esta o aquella persona, simplemente obedece a las palabras de Mateo 11:28: “Venid a mí”. Ven si estás trabajado y cargado; y pide, si sabes que eres malo (ver Lucas 11:9-13).

El Espíritu de Dios solo da testimonio de la redención de nuestro Señor. No le puede testificar a nuestra razón. Somos propensos a confundir el testimonio del Espíritu con la simplicidad que se origina en las decisiones de nuestro sentido común. Pero el Espíritu solo testifica de la obra de la redención y lo hace únicamente a su propia naturaleza, nunca a la razón. Si estamos tratando de que le dé testimonio a nuestra razón, no es de extrañar que estemos en oscuridad e incertidumbre. Échalo todo por la borda, confía en Él y Él te dará el testimonio del Espíritu. 

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Octubre 8

Venid a mí…“, Mateo 11:28

¿No es humillante que nos digan que debemos ir a Jesús? Pensemos en las circunstancias por las que no queremos acudir a Él. Si quieres saber cuan auténtico eres, pruébate con las palabras: “Venid a mí”. En cada punto en el que no seas auténtico, discutirás antes que ir, buscarás evasivas antes que ir, te someterás al dolor antes que ir y harás cualquier cosa antes que transitar el último trecho de ese camino de aparente e inexpresable locura, para decir: “Vengo tal como soy”. Incluso hasta la más insignificante medida de irrespeto espiritual siempre se hará evidente porque estás esperando que Dios te pida hacer algo muy grande, cuando todo lo que te está diciendo es: “Venid”. 

“Venid a mí…” Cuando oigas estas palabras, sabrás que algo te sucederá antes de que puedas ir a Él. El Espíritu Santo te mostrará todo lo que debes hacer y lo que sea necesario para desarraigar lo que te está impidiendo ir a Jesús. Nunca podrás avanzar, si no estás dispuesto a hacerlo. El Espíritu Santo sacará a la luz esa fortaleza inexpugnable que hay en ti, únicamente cuando estés dispuesto a permitírselo. 

Muchas veces te has acercado a Dios con tus peticiones y te has ido pensando: “¡Esta vez realmente conseguí lo que quería!” Y sin embargo, te has ido sin nada, mientras todo el tiempo Dios ha estado con las manos extendidas, no solo para recibirte, sino también para que tu lo recibas a Él. Piensa en la invencible e incansable paciencia de Jesús quien amorosamente te dice: Venid a mí. 

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Septiembre 13

He acabado la obra que me diste que hiciera”, Juan 17:4

La verdadera entrega no es la de nuestra vida exterior, sino la de la voluntad. Y cuando nos rendimos así, no queda nada por hacer. La crisis más grande que podemos enfrentar es la entrega de nuestra voluntad. Sin embargo, Dios nunca nos obliga ni nos ruega para que lo hagamos. Él espera con paciencia hasta que voluntariamente nos rindamos a Él. Una vez que se ha ganado esa batalla, nunca más será necesario librarla.

Entrega para liberación. “Venid a mí… y yo os haré descansar“, Mateo 11:28. Nosotros rendimos nuestra voluntad a Jesús para obtener descanso solo después de que comenzamos a experimentar lo que significa la salvación. Cualquier cosa que esté creando una sensación de inseguridad en realidad es un llamamiento a nuestra voluntad: “Venid a mí“. Es un acercamiento voluntario.

Entrega para consagración. “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese e a sí mismo“, Mateo 16:24. Aquí soy yo quien se rinde a Jesús, con el descanso de Él en mi corazón. “Si quieres ser mi discípulo, debes renunciar a tus derechos y cedérmelos a mí”. Después, lo que resta de la vida solo es la manifestación de esa entrega. Nunca más deberías preocuparte por lo que el futuro te depare. Sin importar cuáles sean tus circunstancias, Jesús es más que suficiente (ver 2 Corintios 12:9 y Filipenses 4:19).

Entrega para muerte. “…Te ceñirá otro…“, Juan 21:18-19. ¿Has aprendido lo que significa ser ceñido para la muerte? Ten cuidado de rendirte a Dios en un momento de éxtasis, pues luego podrías retractarte. La verdadera entrega consiste en estar unido con Jesús en la semejanza de su muerte, hasta que no pueda interesarte nada que no le haya interesado a Él.

Y después de que te rindas, ¿qué? Tu vida entera se caracterizará por la aspiración de mantener una inquebrantable comunión y unidad con Dios.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16


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