Posts Tagged ‘Lucas 18:31.’

Septiembre 23

Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén…“, Lucas 18:31

En la vida natural nuestras ambiciones cambian a medida que crecemos, pero en la vida cristiana la meta se nos indica desde el comienzo. El principio y el fin son exactamente iguales porque son el Señor mismo. Empezamos con Cristo y terminamos con Él. “Hasta que todos lleguemos…a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, Efesios 4:13; y no hasta que lleguemos a la idea de lo que consideramos que debería ser la vida cristiana. La meta del misionero es hacer la Voluntad de Dios; no ser útil ni ganar a los perdidos. El misionero es útil y sí gana a los perdidos, pero la meta es hacer la voluntad de su Señor.

En la vicia de nuestro Señor, Jerusalén fue la ciudad donde Él alcanzó en la cruz el punto culminante de la voluntad de su Padre. Y, a menos que vayamos con Jesús hasta ese lugar, no tendremos amistad ni compañerismo con Él. Nada pudo desanimar jamás a nuestro Señor en su camino hacia Jerusalén. Nunca se apresuró a salir de ciertas aldeas donde era perseguido, ni se demoró en otras donde lo bendecían. Ni la gratitud ni la ingratitud lo desviaron un ápice de su propósito de ir a Jerusalén.

“El discípulo no es más que su maestro ni el siervo mas que su señor”, Mateo 10:24. En otras palabras, lo mismo que le sucedió al Señor nos sucederá en el camino a nuestra Jerusalén. Las obras de Dios se manifestarán a través de nosotros, la gente será bendecida y uno o dos darán gracias, aunque el resto demostrará una total ingratitud. Pero nada debe desviarnos de subir a nuestra Jerusalén.

“Lo crucificaron allí”, Lucas 23:33. Eso fue lo que sucedió cuando el Señor llegó a Jerusalén y ese acontecimiento es la puerta de nuestra salvación. Sin embargo, los creyentes no terminan crucificados. Por la gracia del Señor terminan glorificados. Mientras tanto, nuestra consigna es: “Yo también subo a Jerusalén”.

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

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Agosto 5

Cuando lleguemos a Jerusalén se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre… Sin embargo, ellos nada comprendieron de estas cosas…“, Lucas 18:31,34

Dios llamó a Jesucristo a lo que parecía un terrible desastre.

Jesucristo llamó a sus discípulos para que lo vieran morir, los condujo a todos, sin excepción, al lugar donde el corazón de ellos se quebrantó. La vida de nuestro Señor fue un absoluto fracaso desde todo punto de vista, excepto el de Dios. Pero, lo que parecía un fracaso ante los ojos del hombre, fue un extraordinario triunfo desde la perspectiva divina porque los propósitos de Él nunca son los del hombre.

El desconcertante llamado de Dios también viene a nuestra vida y no se puede enunciar de una forma clara y detallada porque es implícito. Es un llamado que sólo nuestra verdadera naturaleza interior puede percibir y entender. Es como el llamado del mar: nadie lo oye sino aquel que tiene en sí mismo la naturaleza del mar. No se puede afirmar de una manera cierta cuál es el llamado de Dios, porque su llamamiento es sencillamente para ser Sus amigos y alcanzar Sus propios propósitos. La prueba real es creer verdaderamente que ÉL sabe lo que quiere. Las cosas que suceden, no ocurren por casualidad, sino enteramente por el mandato de Dios. El está llevando a cabo sus propósitos.

Si estamos en comunión y unidad con Él y reconocemos que nos está dirigiendo hacia sus propósitos, no trataremos más de descubrir cuáles son. A medida que crecemos en la vida cristiana, ésta se vuelve más sencilla porque nos sentimos menos inclinados a decir: “Me pregunto porqué permitiría Dios esto o aquello”, e inmediatamente nos damos cuenta de que, detrás de todo, se encuentra su propósito que nos constriñe. ¡Existe un Dios que determina nuestro propósito! Un cristiano es alguien que confía en el conocimiento y la sabiduría de Él y no en sus propias capacidades. Los propósitos nuestros destruyen la sencillez y la tranquilidad que deberían distinguir a los hijos de Dios.

 AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Agosto 4

Tomando Jesús a los doce“, Lucas 18:31

Agosto 3

Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén“, Lucas 18:31

En la vida de nuestro Señor, Jerusalén representa el lugar donde llegó al punto culminante de la voluntad de su Padre. Jesús dijo: “No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió”, Juan 5:30, lo cual fue el interés preponderante a lo largo de la vida de nuestro Señor. Y jamás nada de lo que encontró en el camino, gozo o dolor, éxito o fracaso, lo disuadió de su propósito. “Él, con determinación afirmó su rostro para ir a Jerusalén”, Lucas 9:51, LBLA.

Lo más grande que debemos recordar es que subimos a Jerusalén para cumplir el propósito de Dios, no el nuestro. En la vida natural, nuestras ambiciones son las de nosotros, pero en la vida cristiana no tenemos ninguna meta propia. Hoy se habla tanto de nuestras decisiones a favor de Cristo, nuestra decisión de ser cristianos, nuestras decisiones en cuanto a esto o aquello. Pero en el Nuevo Testamento lo que se pone de manifiesto es que el propósito de Dios nos constriñe. “No me elegistéis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros”, Juan 15:16.

Dios no me lleva a comprometerme con su propósito de una manera consciente, sino que me atrae hacia Él sin que me dé cuenta en absoluto. No tenemos idea de cuál puede ser su propósito y al seguir adelante se hace cada vez más vago. Parecería como si el objetivo de Dios no se fuera a cumplir, porque somos demasiado cortos de vista para ver lo que Él se propone. Al principio de la vida cristiana tenemos nuestras propias ideas acerca del propósito divino. Decimos: “Dios quiere que vaya allí. Él me ha llamado para realizar esta obra especial”. Hacemos lo que pensamos que es correcto, pero aun así Dios nos sigue constriñendo. El trabajo que hacemos no tiene ningún valor al compararlo con el propósito de Dios que nos constriñe. Es sólo el andamiaje al lado de su obra. “Tomado Jesús a los doce…”, Lucas 18:31. Dios nos toma todo el tiempo. Todavía no hemos entendido todo lo que hay que saber del propósito de Dios que nos constriñe.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Septiembre 23

Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén…“, Lucas 18:31

En la vida natural nuestras ambiciones cambian a medida que crecemos, pero en la vida cristiana la meta se nos indica desde el comienzo. El principio y el fin son exactamente iguales porque son el Señor mismo. Empezamos con Cristo y terminamos con Él. “Hasta que todos lleguemos…a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo“, Efesios 4:13; y no hasta que lleguemos a la idea de lo que consideramos que debería ser la vida cristiana. La meta del misionero es hacer la Voluntad de Dios; no ser útil ni ganar a los perdidos. El misionero es útil y sí gana a los perdidos, pero la meta es hacer la voluntad de su Señor.

En la vicia de nuestro Señor, Jerusalén fue la ciudad donde Él alcanzó en la cruz el punto culminante de la voluntad de su Padre. Y, a menos que vayamos con Jesús hasta ese lugar, no tendremos amistad ni compañerismo con Él. Nada pudo desanimar jamás a nuestro Señor en su camino hacia Jerusalén. Nunca se apresuró a salir de ciertas aldeas donde era perseguido, ni se demoró en otras donde lo bendecían. Ni la gratitud ni la ingratitud lo desviaron un ápice de su propósito de ir a Jerusalén.

El discípulo no es más que su maestro ni el siervo mas que su señor“, Mateo 10:24. En otras palabras, lo mismo que le sucedió al Señor nos sucederá en el camino a nuestra Jerusalén. Las obras de Dios se manifestarán a través de nosotros, la gente será bendecida y uno o dos darán gracias, aunque el resto demostrará una total ingratitud. Pero nada debe desviarnos de subir a nuestra Jerusalén.

Lo crucificaron allí“, Lucas 23:33. Eso fue lo que sucedió cuando el Señor llegó a Jerusalén y ese acontecimiento es la puerta de nuestra salvación. Sin embargo, los creyentes no terminan crucificados. Por la gracia del Señor terminan glorificados. Mientras tanto, nuestra consigna es: “Yo también subo a Jerusalén”.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

23 De Setembro
Eis que subimos para Jerusalém“, Luc.18.31

Na vida natural, todos aqueles anseios pessoais vão-se modificando na medida que passamos de uma fase para outra mais solidificada; na vida evangélica, o alvo nos é proposto logo desde o início; o princípio e o fim são o mesmo, isto é, o próprio Senhor Jesus Cristo de forma real. Começamos com Cristo e terminamos com Ele: “até que todos cheguemos… à medida da estatura da plenitude de Cristo“, Ef.4:13 e não à noção que temos do que deveria ser a vida com Cristo. O alvo da pessoa enviada por Deus é fazer a vontade dele e não ser útil, ou ganhar todos aqueles que estão perdidos; ele é útil e ganha almas, mas, seu alvo não é esse. O alvo dele é fazer a vontade do seu Senhor aqui na terra.

Para o Senhor, Jerusalém foi o lugar onde ele atingiu o apogeu da vontade do seu Pai na cruz e, a menos que o acompanhemos até lá, não estaremos na corrida com ele. Nada jamais desanimou o Senhor em sua caminhada para Jerusalém. Ele não atravessava às pressas certas aldeias onde era perseguido; nem se demorava nas outras, onde era glorificado. Nem a gratidão, nem a ingratidão dos homens fizeram com que o Senhor se desviasse um milímetro de seu propósito de subir para Jerusalém.

O discípulo não está acima do seu mestre“, Mat.10:24. As mesmas coisas acontecerão connosco, a caminho da nossa Jerusalém pessoal. As obras de Deus se manifestarão através de nós; pessoas serão abençoadas e uma ou duas entre elas manifestarão gratidão, o resto, porém, total ingratidão; mas, nada deve impedir-nos de subir à nossa Jerusalém sem nos desviarmos nem um pouco de ir para lá exclusivamente.

Ali o crucificaram“. Foi isso que aconteceu quando o Senhor chegou a Jerusalém. Esse acontecimento tornou-se a porta da salvação para todos nós. Contudo, nosso fim, como filhos de Deus não é a crucificação para o pecado; pela graça do Senhor terminaremos em glória e sem pecado aqui, mas, o fim é Ele. Até lá, entretanto, nosso lema também será – eu subo para Jerusalém.

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Agosto 4
Tomando Jesús a los doce“, Lucas 18:31

¡Oh, el valor de Dios al confiar en nosotros! Tú dirás: “Pero, qué imprudente fue al elegirme, porque no hay nada bueno en mi y no valgo nada”. Esa es exactamente la razón por la que te escogió. Mientras pienses que en ti hay algo valioso para ÉL, Dios no te elige, porque tienes tus propios fines a los cuales servir. Pero si le permites a Él acabar con tu autosuficiencia, entonces te escogerá para que lo acompañes “a Jerusalén” y eso implica el cumplimiento de propósitos que Él no discutirá contigo.
Somos propensos a afirmar que alguien será un buen cristiano porque tiene talento natural. Pero no tiene que ver con nuestra aptitud, sino con nuestra pobreza; no con lo que traemos con nosotros, sino con lo que Dios ponga en nosotros. No es cuestión de virtudes naturales, fuerza de carácter, conocimiento o experiencia, pues nada de eso sirve en este asunto. Lo único que vale es que seamos atraídos hacia su apremiante propósito y así nos convertiremos en sus amigos (ver 1 Corintios 1:26-31). El compañerismo de Dios es para personas que reconocen su pobreza. Él no hace nada con quien cree que le es útil. Como cristianos, no estamos comprometidos con nuestra propia causa, sino con la de Dios, que nunca será la nuestra.
No sabemos cuál es el propósito de Dios que nos constriñe, pero tenemos que mantener nuestra relación con Él, pase lo que pasare. Nunca debemos permitir que algo perjudique esa relación, pero si ocurre, debemos tomar tiempo para rectificarla. El aspecto más importante del cristianismo no es el trabajo que hacemos, sino la relación que mantenemos y el ambiente que se produce por esa relación. Eso es todo lo que Dios nos pide que atendamos y es lo único que recibe un ataque continuo.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía”, Job 29:15,16

4 De Agosto
Tomando consigo os doze…” Luc.18.31

Que coragem a de Deus – confiar em nós! “Mas, ele não agiu com sabedoria ao escolher-me, porque não há nada em mim; não tenho valor nenhum” – diria você. Foi por isso mesmo que ele o escolheu. Enquanto achar que possui algum valor, ele não poderá escolhê-lo, porque tem certos objectivos próprios para alcançar. Mas, se já permitimos que ele nos fizesse desistir de nossa auto-suficiência, então ele poderá chamar-nos para acompanhá-lo até Jerusalém, Lucas 18:31 e nisso está implícito o cumprimento daqueles propósitos que ele nem está na disposição de discuti-los connosco sequer.

Pensamos que, pelo fato de alguém ter suas aptidões naturais, automaticamente será um bom cristão. Mas, aqui o importante não é nossa capacidade, mas, a nossa “pobreza”; não o que trazemos connosco, mas, o que Deus coloca em nós. Não se trata aqui de virtudes naturais da força de carácter, sabedoria e experiência – nessa questão nada disso tem valor. O que pesa mesmo é sermos levados pelo grandioso impulso de Deus para nos tornarmos seus companheiros 1 Cor.1.26-30. Os companheiros de Deus são pessoas que reconhecem na sua própria pobreza aquela força de Deus. Deus não pode usar a pessoa que se acha útil a ele. Como cristãos, não saímos em defesa de nossa própria causa, mas e acima de tudo, em defesa da causa de Deus – que não tem nada a ver com nossos interesses pessoais. Mesmo não sabendo qual o propósito de Deus para nós, temos que manter nosso relacionamento com ele, aconteça o que acontecer. Não devemos permitir que coisa alguma, em momento algum, prejudique o relacionamento que temos com Deus; se ele for prejudicado, temos que parar e concertá-lo logo ali. No cristianismo, o mais importante não é o trabalho que fazemos para Deus, mas, o relacionamento que mantemos com ele e o ambiente que esse relacionamento produz em nós. É a única coisa de que Deus nos pede para cuidar e é justamente a única que está constantemente sob ataque cerrado.

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Agosto 3

Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén“, Lucas 18:31

En la vida de nuestro Señor, Jerusalén representa el lugar donde llegó al punto culminante de la voluntad de su Padre. Jesús dijo: “No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió“, Juan 5:30, lo cual fue el interés preponderante a lo largo de la vida de nuestro Señor. Y jamás nada de lo que encontró en el camino, gozo o dolor, éxito o fracaso, lo disuadió de su propósito. “Él, con determinación afirmó su rostro para ir a Jerusalén“, Lucas 9:51, LBLA.

Lo más grande que debemos recordar es que subimos a Jerusalén para cumplir el propósito de Dios, no el nuestro. En la vida natural, nuestras ambiciones son las de nosotros, pero en la vida cristiana no tenemos ninguna meta propia. Hoy se habla tanto de nuestras decisiones a favor de Cristo, nuestra decisión de ser cristianos, nuestras decisiones en cuanto a esto o aquello. Pero en el Nuevo Testamento lo que se pone de manifiesto es que el propósito de Dios nos constriñe. “No me elegistéis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros“, Juan 15:16.

Dios no me lleva a comprometerme con su propósito de una manera consciente, sino que me atrae hacia Él sin que me dé cuenta en absoluto. No tenemos idea de cuál puede ser su propósito y al seguir adelante se hace cada vez más vago. Parecería como si el objetivo de Dios no se fuera a cumplir, porque somos demasiado cortos de vista para ver lo que Él se propone. Al principio de la vida cristiana tenemos nuestras propias ideas acerca del propósito divino. Decimos: “Dios quiere que vaya allí. Él me ha llamado para realizar esta obra especial”. Hacemos lo que pensamos que es correcto, pero aun así Dios nos sigue constriñendo. El trabajo que hacemos no tiene ningún valor al compararlo con el propósito de Dios que nos constriñe. Es sólo el andamiaje al lado de su obra. “Tomado Jesús a los doce…“, Lucas 18:31. Dios nos toma todo el tiempo. Todavía no hemos entendido todo lo que hay que saber del propósito de Dios que nos constriñe. 

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