Posts Tagged ‘Juan 17:4’

Septiembre 13

He acabado la obra que me diste que hiciera“, Juan 17:4

La verdadera entrega no es la de nuestra vida exterior, sino la de la voluntad. Y cuando nos rendimos así, no queda nada por hacer. La crisis más grande que podemos enfrentar es la entrega de nuestra voluntad. Sin embargo, Dios nunca nos obliga ni nos ruega para que lo hagamos. Él espera con paciencia hasta que voluntariamente nos rindamos a Él. Una vez que se ha ganado esa batalla, nunca más será necesario librarla.

Entrega para liberación. “Venid a mí… y yo os haré descansar”, Mateo 11:28. Nosotros rendimos nuestra voluntad a Jesús para obtener descanso solo después de que comenzamos a experimentar lo que significa la salvación. Cualquier cosa que esté creando una sensación de inseguridad en realidad es un llamamiento a nuestra voluntad: “Venid a mí”. Es un acercamiento voluntario.

Entrega para consagración. “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese e a sí mismo”, Mateo 16:24. Aquí soy yo quien se rinde a Jesús, con el descanso de Él en mi corazón. “Si quieres ser mi discípulo, debes renunciar a tus derechos y cedérmelos a mí”. Después, lo que resta de la vida solo es la manifestación de esa entrega. Nunca más deberías preocuparte por lo que el futuro te depare. Sin importar cuáles sean tus circunstancias, Jesús es más que suficiente (ver 2 Corintios 12:9 y Filipenses 4:19).

Entrega para muerte. “…Te ceñirá otro…”, Juan 21:18-19. ¿Has aprendido lo que significa ser ceñido para la muerte? Ten cuidado de rendirte a Dios en un momento de éxtasis, pues luego podrías retractarte. La verdadera entrega consiste en estar unido con Jesús en la semejanza de su muerte, hasta que no pueda interesarte nada que no le haya interesado a Él.

Y después de que te rindas, ¿qué? Tu vida entera se caracterizará por la aspiración de mantener una inquebrantable comunión y unidad con Dios.

 AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Advertisements

Noviembre 21

…He acabado la obra que me diste que hiciera“, Juan 17:4

La muerte de Jesucristo es el cumplimiento histórico de lo que había en la mente misma de Dios. No cabe la posibilidad de considerar a Jesucristo como un mártir. Su muerte no fue algo que le sucedió y que se hubiera podido evitar. Su muerte fue la razón fundamental por la que Él vino. 

Nunca fundamentes tu predicación del perdón en el hecho de que Dios es nuestro Padre y nos ama. Eso contradice la verdad revelada de Dios en Jesucristo, vuelve la cruz innecesaria y la redención demasiada ostentosa porque pierde su importancia. Dios perdona el pecado solamente por causa de la muerte de Cristo. Él no podía perdonarnos de ninguna otra manera, sino mediante la muerte de su Hijo. Jesús es exaltado como Salvador por causa de su muerte…. “Pero vemos… a, Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte”, Hebreos 2:9. La mayor nota de victoria que jamás haya sonado en los oídos de un universo sobresaltado fue la que emitió la cruz de Cristo: “¡Consumado es!…”

Esa es la última palabra en la redención de un hombre.

Cualquier cosa que rebaje o distorsione la santidad de Dios debido a una falsa visión de su amor, contradice la verdad divina que fue revelada por medio de Jesús. Nunca aceptes el pensamiento de que Jesucristo está a nuestro favor y en contra de Dios, debido a su piedad y compasión; o que se hizo maldición por lástima hacia nosotros. Jesucristo asumió nuestra maldición por decreto divino. Nuestra parte para poder descubrir el extraordinario significado de su maldición es la convicción de pecado que recibimos como un don que nos avergüenza y guía al arrepentimiento. Esta es la gran misericordia de Dios. Jesucristo odia el pecado en el ser humano y el Calvario indica el nivel de su odio. 

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Septiembre 13

He acabado la obra que me diste que hiciera”, Juan 17:4

La verdadera entrega no es la de nuestra vida exterior, sino la de la voluntad. Y cuando nos rendimos así, no queda nada por hacer. La crisis más grande que podemos enfrentar es la entrega de nuestra voluntad. Sin embargo, Dios nunca nos obliga ni nos ruega para que lo hagamos. Él espera con paciencia hasta que voluntariamente nos rindamos a Él. Una vez que se ha ganado esa batalla, nunca más será necesario librarla.

Entrega para liberación. “Venid a mí… y yo os haré descansar“, Mateo 11:28. Nosotros rendimos nuestra voluntad a Jesús para obtener descanso solo después de que comenzamos a experimentar lo que significa la salvación. Cualquier cosa que esté creando una sensación de inseguridad en realidad es un llamamiento a nuestra voluntad: “Venid a mí“. Es un acercamiento voluntario.

Entrega para consagración. “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese e a sí mismo“, Mateo 16:24. Aquí soy yo quien se rinde a Jesús, con el descanso de Él en mi corazón. “Si quieres ser mi discípulo, debes renunciar a tus derechos y cedérmelos a mí”. Después, lo que resta de la vida solo es la manifestación de esa entrega. Nunca más deberías preocuparte por lo que el futuro te depare. Sin importar cuáles sean tus circunstancias, Jesús es más que suficiente (ver 2 Corintios 12:9 y Filipenses 4:19).

Entrega para muerte. “…Te ceñirá otro…“, Juan 21:18-19. ¿Has aprendido lo que significa ser ceñido para la muerte? Ten cuidado de rendirte a Dios en un momento de éxtasis, pues luego podrías retractarte. La verdadera entrega consiste en estar unido con Jesús en la semejanza de su muerte, hasta que no pueda interesarte nada que no le haya interesado a Él.

Y después de que te rindas, ¿qué? Tu vida entera se caracterizará por la aspiración de mantener una inquebrantable comunión y unidad con Dios.

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16