Posts Tagged ‘Acelera el paso’

Junio 15

“Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid…”2 Pedro 1:5 LBLA

Con respecto a las tareas monótonas, Pedro dijo que ahora somos participantes de la naturaleza divina (versículo 4) y que debemos obrar con toda diligencia, es decir, concentrarnos en formar hábitos piadosos. Debemos añadir a nuestras vidas todo lo que implica el carácter. Ninguna persona nace natural o sobrenaturalmente con carácter, sino que lo debe desarrollar. Tampoco nacemos con hábitos piadosos; debemos formarlos basados en la nueva vida que Dios nos fue dando. No fuimos hechos para ser rimbombantes modelos en miniatura de Dios, sino esencialmente para que manifestemos, en la vida diaria, el milagro de su gracia. Las tareas monótonas son las que revelan mi carácter. El gran obstáculo en nuestra vida espiritual es que estamos intentando hacer grandes hazañas. Sin embargo, “Jesús tomando una toalla comenzó a lavar los pies de los discípulos”, Juan 13:3-5.

En ocasiones no hay iluminación espiritual ni emociones, tan sólo las tareas comunes y corrientes de todos los días. La rutina es el método que Dios tiene para preservarnos entre los tiempos de inspiración que tenemos. No esperes que Dios te dé siempre sus momentos emocionantes. Aprende a vivir en el ámbito de la monotonía por el poder de Dios.

Es difícil “añadir”, como dijo Pedro. Decimos que no esperamos que Dios nos lleve al cielo en un lecho de rosas y, con todo, ¡actuamos de acuerdo con esta expectativa! Debo comprender que mi obediencia, hasta en el más mínimo detalle, tiene tras de sí toda la omnipotencia de la gracia divina. Si cumplo con mi deber, no por cumplirlo sino porque creo que Dios está dirigiendo mis circunstancias, entonces, en el instante en que obedezco, toda la maravillosa gracia de Dios es mía mediante la expiación de Cristo. 

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

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Junio 14

Permaneced en míJuan 15:4

En la determinación Yo recibo en mi interior al Espíritu de Jesús por medio de la expiación de Cristo. Luego informar pacientemente mi manera de pensar para que esté en perfecta armonía con mi Señor. Dios no hará que yo piense como Jesús, si no que debo realizarlo por mi cuenta; tengo que “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, 2 Corintios 10:5. Permaneced en mí en los asuntos intelectuales, económicos y en cada uno de los aspectos que hacen de la vida humana lo que es. ¡Nuestra existencia no se reduce al espacio y protección de una caja de sombreros!

¿Estoy impidiendo que Dios actué en mis circunstancias porque yo digo que estorbará mi comunión con Él? ¡Qué arrogancia y falta de respeto! Sin importar cuáles sean mis circunstancias, puedo tener la misma seguridad de mi permanencia en Jesús en medio de ellas como cuando estoy en una reunión de oración. No me corresponde a mí cambiar y organizar las situaciones que me rodean. La permanencia interior de nuestro Señor con su Padre fue pura y sin mancha. Él estaba en comunión íntima con Dios en todo lugar y nunca eligió sus propias circunstancias, sino que fue manso y sumiso a los planes e instrucciones de mi Padre. ¡Imagínate el maravilloso sosiego que caracterizó la vida de nuestro Señor! Pero nosotros pretendemos encajar a Dios en un estado de agitación continua, sin nada de la serenidad de “la vida que está escondida con Cristo en Dios”, Colosenses 3:3.

Piensa en lo que te impide permanecer en Cristo. Dices: “Sí, Señor, un momento, aún tengo algo que hacer. Sí, permaneceré en ti cuando haya terminado esto. Yo creo que está bien para cuando finalice esta semana, Señor, Entonces permaneceré”. Acelera el paso y empieza a permanecer en Cristo ahora. Al comienzo implica un esfuerzo continuo hasta que se convierte tanto en una ley de tu vida, que luego permaneces en Él sin ningún esfuerzo consciente. Decídete a permanecer en Jesús en dondequiera que estés.

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Junio 14

Permaneced en mí” Juan 15:4

En la determinación Yo recibo en mi interior al Espíritu de Jesús por medio de la expiación de Cristo. Luego informar pacientemente mi manera de pensar para que esté en perfecta armonía con mi Señor. Dios no hará que yo piense como Jesús, si no que debo realizarlo por mi cuenta; tengo que “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, 2 Corintios 10:5. Permaneced en mí en los asuntos intelectuales, económicos y en cada uno de los aspectos que hacen de la vida humana lo que es. ¡Nuestra existencia no se reduce al espacio y protección de una caja de sombreros!

¿Estoy impidiendo que Dios actué en mis circunstancias porque yo digo que estorbará mi comunión con Él? ¡Qué arrogancia y falta de respeto! Sin importar cuáles sean mis circunstancias, puedo tener la misma seguridad de mi permanencia en Jesús en medio de ellas como cuando estoy en una reunión de oración. No me corresponde a mí cambiar y organizar las situaciones que me rodean. La permanencia interior de nuestro Señor con su Padre fue pura y sin mancha. Él estaba en comunión íntima con Dios en todo lugar y nunca eligió sus propias circunstancias, sino que fue manso y sumiso a los planes e instrucciones de mi Padre. ¡Imagínate el maravilloso sosiego que caracterizó la vida de nuestro Señor! Pero nosotros pretendemos encajar a Dios en un estado de agitación continua, sin nada de la serenidad de “la vida que está escondida con Cristo en Dios”, Colosenses 3:3.

Piensa en lo que te impide permanecer en Cristo. Dices: “Sí, Señor, un momento, aún tengo algo que hacer. Sí, permaneceré en ti cuando haya terminado esto. Yo creo que está bien para cuando finalice esta semana, Señor, Entonces permaneceré”. Acelera el paso y empieza a permanecer en Cristo ahora. Al comienzo implica un esfuerzo continuo hasta que se convierte tanto en una ley de tu vida, que luego permaneces en Él sin ningún esfuerzo consciente. Decídete a permanecer en Jesús en dondequiera que estés.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16