Posts Tagged ‘1 Coríntios 1:30’

Julio 23

Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios… santificación“, 1 Corintios 1:30

El lado de la vida. El misterio de la santificación es que las cualidades perfectas de Jesucristo me son dadas como un regalo, no de manera gradual, sino instantánea, cuando, por la fe, comprendo que Él se hizo para nosotros santificación. La santificación es la forma en que su santidad se vuelve mía y se refleja en mi vida. Nada más ni nada menos.

El secreto más maravilloso de una vida santa no consiste en imitar a Jesús, sino en permitir que sus cualidades perfectas se manifiesten en mí. La santificación es “Cristo en vosotros”, Colosenses 1:27. Es su maravillosa vida que se me imparte por fe y como un don soberano de la gracia divina. ¿Estoy dispuesto a que Dios haga tan real la santificación en mi vida como lo es en su Palabra?

Por la santificación Jesucristo me hace partícipe de sus cualidades de santidad. Es cuando los dones de su paciencia, amor, santidad, fe, pureza y piedad se manifiestan en y a través de cada alma santificada. La santificación no es tomar de Jesús el poder para ser santo, sino la santidad que se manifestó en Él y entonces Él la manifiesta en mí. La santificación es una participación, no una imitación. Imitar es algo totalmente distinto. Como Jesucristo es la perfección de todo, el misterio de la santificación consiste en que todas las cualidades perfectas de Jesús están a mi disposición. En consecuencia, de manera lenta, pero segura empezamos a vivir una vida de orden, sanidad y santidad inefables, “guardados por el poder de Dios”, 1 Pedro 1:5.

AVIVAMIENTOS

(www.avivamientos.net)

“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Julio 23

“Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios… santificación”, 1 Corintios 1:30

El lado de la vida. El misterio de la santificación es que las cualidades perfectas de Jesucristo me son dadas como un regalo, no de manera gradual, sino instantánea, cuando, por la fe, comprendo que Él se hizo para nosotros santificación. La santificación es la forma en que su santidad se vuelve mía y se refleja en mi vida. Nada más ni nada menos.

El secreto más maravilloso de una vida santa no consiste en imitar a Jesús, sino en permitir que sus cualidades perfectas se manifiesten en mí. La santificación es “Cristo en vosotros”, Colosenses 1:27. Es su maravillosa vida que se me imparte por fe y como un don soberano de la gracia divina. ¿Estoy dispuesto a que Dios haga tan real la santificación en mi vida como lo es en su Palabra?

Por la santificación Jesucristo me hace partícipe de sus cualidades de santidad. Es cuando los dones de su paciencia, amor, santidad, fe, pureza y piedad se manifiestan en y a través de cada alma santificada. La santificación no es tomar de Jesús el poder para ser santo, sino la santidad que se manifestó en Él y entonces Él la manifiesta en mí. La santificación es una participación, no una imitación. Imitar es algo totalmente distinto. Como Jesucristo es la perfección de todo, el misterio de la santificación consiste en que todas las cualidades perfectas de Jesús están a mi disposición. En consecuencia, de manera lenta, pero segura empezamos a vivir una vida de orden, sanidad y santidad inefables, “guardados por el poder de Dios”, 1 Pedro 1:5.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Julio 22

La voluntad de Dios es vuestra santificación“, 1 Tesalonicenses 4:3

El lado de la muerte. Al santificarnos, Dios tiene que tratar con nosotros tanto en el lado de la muerte como en el de la vida. El exige que vayamos al sitio de muerte, pero como muchos de nosotros pasamos tanto tiempo allí, nos volvemos lúgubres y pesimistas. Siempre hay una dura batalla antes de la santificación, algo dentro de nosotros que siempre se resiste y se resiente ante las demandas de Cristo. La lucha comienza tan pronto el Espíritu Santo empieza a mostrarnos lo que significa ser santificados. Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece… su propia vida, no puede ser mi discípulo”, Lucas 14:26.

En el proceso de santificación el Espíritu de Dios me despojará de todo, hasta que no quede sino “yo mismo”. Ese es el lugar de muerte ¿Estoy dispuesto a ser “yo mismo” y nada más? ¿Dispuesto a no tener ningún amigo, padre, hermano, ni interés personal y listo para morir? Esa es la condición necesaria para la santificación. No es de extrañar que Jesús dijera: “No he venido a traer paz, sino espada”, Mateo 10:34. Es aquí donde luchamos y muchos de nosotros desmayamos. Rehusamos identificarnos con la muerte de Jesucristo en este sentido. Decimos: “¡Pero es tan duro! De seguro Él no quiere que yo lo haga”. Nuestro Señor es estricto y sí quiere que lo hagamos.

¿Estoy dispuesto a reducirme a lo más simple de mi condición como persona? ¿Estoy decidido a despojarme de todo lo que mis amigos piensan de mí y de todo lo que pienso de mí mismo? ¿Estoy dispuesto y decidido a entregarle a Dios mi yo desnudo? Tan pronto lo esté, Él me santificará por completo y mi vida se liberará de cualquier determinación y persistencia que no sea Dios mismo.

Cuando ore: “Señor, muéstrame qué significa la santificación para mí”, Él me responderá: “significa ser hecho uno con Jesús”. La santificación no es algo que Jesucristo me da, es Él mismo en mi (ver 1 Corintios 1:30).

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

Diciembre 8

“Y así, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”, Hebreos 10:14

Si creemos que Dios nos perdona porque sentimos dolor por nuestros pecados, pisoteamos la sangre del Hijo de Dios. La muerte de Jesucristo es la única razón para que Dios perdone los pecados y para la insondable profundidad que hay en el hecho de que no los recuerda. El arrepentimiento es solamente el resultado de nuestra comprensión personal de la expiación que Él llevó a cabo por nosotros.
“… Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención”, 1 Corintios 1:30. Cuando entendemos que Él se hizo todo esto por nosotros, entonces comenzamos a disfrutar del gozo ilimitado de Dios. Dondequiera que no esté presente su gozo, está operando la sentencia de muerte.
Sin importar quiénes o qué seamos, Dios nos restaura a la posición correcta con Él únicamente por la muerte de Jesucristo. Él no lo hace porque su Hijo aboga por nosotros, sino porque murió. Es algo que no se gana, sino que se acepta. Ninguna súplica o ruego que deliberadamente ignore la cruz de Cristo tiene valor, pues está golpeando en una puerta diferente a la que Jesús ya abrió. Protestamos diciendo: “Pero no quiero acercarme de esa manera, es demasiado humillante ser recibido como pecador”. La respuesta de Dios, a través de Pedro, es: “…No hay otro nombre… en que podamos ser salvos” Hechos 4:12. La aparente crueldad de Dios es precisamente la expresión real de su corazón. Existe una entrada ilimitada en su camino. “En el tenemos redención por su sangre…” Efesios 1:7. Identificarnos con la muerte de Jesucristo significa que debemos morir a todo lo que nunca hizo parte de Él.
Dios es justo al salvar a gente mala, únicamente por el hecho de que la vuelve buena. El Señor no dice que estamos bien, cuando estamos mal de todo. La expiación de Cristo en la cruz es la propiciación que Dios usa para hacer de los impíos personas santas.
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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía”, Job 29:15,16
 

8 De Dezembro
Porque com uma única oferta aperfeiçoou para sempre quantos estão sendo santificados“, Heb.10.14

Se pensarmos que somos perdoados por estarmos arrependidos de nossos pecados, estamos afrontando o sangue do Filho de Deus. A única explicação para o perdão de Deus e para a insondável profundidade da sua capacidade de esquecer tudo que fizemos, é a morte de Jesus Cristo. Nosso arrependimento é simplesmente o resultado desse nosso reconhecimento pessoal da expiação que ele realizou por nós em nós. “Cristo Jesus… se nos tornou… sabedoria e justiça e santificação e redenção”, 1 Cor.1:30. Logo que compreendemos que Cristo se tornou tudo isso por nós, começamos a sentir o sublime gozo de Deus dentro; e onde não houver este gozo, a sentença de morte contra todo pecado entrará em acção irreversível a partir de então.

Não importa quem somos ou o que somos, temos reconciliação completa com Deus através da morte de Jesus Cristo e por nenhum outro meio alternativo o teremos e não porque ele a suplique, mas, porque ele morreu na cruz de vez. Não a obtemos por méritos pessoais, mas, pela sua aceitação. Toda súplica que deliberadamente se recusa a reconhecer a cruz, para nada serve; é o mesmo que bater numa outra porta sem ser na que Jesus abriu por nós. “Não quero passar por esse caminho; é humilhante demais ser recebido como pecador”. “Não existe nenhum outro nome… pelo qual possamos ser salvos”, Act.4:12. Essa aparente insensibilidade de Deus, na verdade, é a expressão do seu coração, pois pelo caminho que ele propõe, as possibilidades de entrada no reino serão, a partir de então, ilimitadas. “Nele temos a redenção, pelo seu sangue”, Ef.1:7. Identificarmo-nos com a morte de Jesus Cristo significa identificarmo-nos com ele para morrermos para tudo que não se relaciona com Jesus.

Deus só é justo em salvar homens maus se os tornar justos e bons também. O Senhor não faz de conta que estamos bem quando, na verdade, não estamos e nos achamos em erro. A expiação é uma propiciação através da qual Deus, com a morte de Jesus, torna santo um homem que sempre foi ímpio.

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Noviembre 13

…El cual me amó y se entregó a sí mismo pon mi.“, Gálatas 2:20

Debemos luchar contra nuestros caprichos, sentimientos y emociones para entregarnos a una devoción absoluta al Señor Jesús; y debemos salir del atolladero conformado por el pequeño mundo de nuestras experiencias, para entregarnos en una devoción sin restricciones a Él. Piensa en lo que dice el Nuevo Testamento acerca de quién es Jesucristo. Luego piensa en la infame mezquindad de la fe que mostramos al decir: “¡No he tenido esta o aquella experiencia!” Piensa en lo que la fe en Jesucristo sostiene: que Él nos puede presentar sin  mancha ante el trono de Dios, indescriptiblemente puros, absolutamente justos y totalmente justificados. Mediante una fe plena y reverente permanece “en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención“, 1 Corintios 1:30. ¿Cómo podemos hablar de hacer un sacrificio por el Hijo de Dios? Somos salvos del infierno y la destrucción total, ¡y luego nos atrevemos a hablar de sacrificarnos! 

Continuamente debemos enfocar y afirmar nuestra fe en Jesucristo. No en el Jesucristo de las reuniones de oración, ni en el de los libros, sino en el Jesucristo del Nuevo Testamento que es Dios encarnado y quien debería hacernos caer a sus pies como muertos. Nuestra fe debe estar en Aquel de quien procede nuestra salvación. Jesucristo quiere de nosotros una absoluta, libre y completa devoción a Él. Nunca podremos experimentar al Señor, ni encerrarlo dentro de los confines de nuestro corazón, sino que nuestra fe se debe construir sobre una fuerte y decidida confianza en Él. 

Debido a nuestra confianza en las experiencias vemos que la firma intolerancia del Espíritu Santo se pronuncia contra la incredulidad. Todos los temores son pecaminosos y los creamos cuando rehusamos alimentar nuestra fe, ¿Cómo puede alguien que se ha identificado con Jesucristo tener dudas o temores? Nuestras vidas deberían ser un absoluto himno de alabanza como resultado de una fe perfecta, irreprensible y victoriosa.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

20 De Outubro 
Pois esta é a vontade de Deus, a vossa santificação“, 1 Tes.4.3

A questão não é se Deus me quer santificar, mas, acima de tudo, se sou eu quem quer ser santo e santificado. Estarei disposto a deixar que Deus opere em mim tudo o que ele realizou através da expiação e ainda está ao meu dispor durante um certo tempo? Estarei disposto a deixar que Jesus Cristo se torne a minha santificação, (1 Cor.1.30) e que a vida dele se manifeste em meu corpo mortal aqui e agora ainda? Tenha cuidado para não andar por aí afirmando: “Como estou ansioso por ser santificado!” Por certo não está. Pare de desejar e passe à acção directa com Deus. Receba a Jesus num acto de fé resoluto, para que ele se torne santificação dentro de si também e a grande maravilha da expiação de Jesus também se tornará real na esfera de toda a sua vida.

Tudo quanto Jesus nos oferece pela sua morte torna-se nosso como um dom gratuito e amoroso da parte de Deus para mim. Minha atitude como pessoa salva e santificada é a de uma santidade profunda, incondicional e humilde (santidade orgulhosa é coisa que não existe) – uma santidade baseada num arrependimento profundo e honesto, num sentido de inexprimível vergonha e degradação quando passei sem ele; e, também, na maravilhosa compreensão de que Deus provou para comigo em seu amor através do facto de que, mesmo sabendo que eu não me importava absolutamente nada com ele, tudo fez pela minha salvação e santificação ainda assim, Rom.5.8. Não será de admirar que Paulo diga que “nada nos poderá separar do amor de Deus, que está em Cristo Jesus nosso Senhor”, Rom.8:39.

A santificação torna-me um com Jesus Cristo e, nele, um com o Pai; isto só se acha possível através da maravilhosa expiação realizada por Cristo em mim. Nunca tome o efeito como a causa. O efeito em mim é obediência, serviço e oração, que resultará e virá duma gratidão inexprimível e duma grande adoração a Deus pela maravilhosa santificação operada em mim através da expiação.

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Octubre 20

La voluntad de Dios es vuestra santificación“, 1 Tesalonicenses 4:3

El problema no es si Dios está dispuesto a santificarme, sino más bien si es mi voluntad. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios haga en mí todo lo que es posible por medio de la expiación de Cristo en la cruz? ¿Estoy dispuesto a que Jesús se haga para mí santificación y a dejar que su vida se manifieste en mi carne humana? (Ver 1 Corintios 1:30). Cuídate de decir: “Oh, anhelo ser santificado”. No, no lo deseas realmente. Deja de anhelarlo y conviértelo en un asunto de acción. Recibe a Jesucristo con una fe absoluta e incuestionable para que Él se convierta en tu santificación y el gran milagro de su expiación será real en tu vida.

Todo lo que Jesús hizo posible se ha vuelto mío por el regalo libre y amoroso de Dios que se fundamenta en lo que Él hizo. Y, entonces, mi actitud al ser una persona salva y santificada es de profunda y humilde santidad (no existe la santidad altiva); una santidad basada en un agónico arrepentimiento, en un sentido de inexpresable vergüenza y degradación y, también, en la asombrosa comprensión de que el amor de Dios se manifestó, aunque Él no me importaba en lo absoluto (ver Romanos 5:8). Él acabó toda la obra para que yo obtuviera mi salvación y santificación. No debemos asombrarnos, entonces, de que Pablo dijera que nada nos podrá “separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”, Romanos 8:39.

La santificación me hace uno con Jesucristo y, en Él, uno con Dios. Esto es una realidad únicamente por la grandiosa expiación de Cristo. Nunca confundas la causa con el efecto. El efecto en mí es obediencia, servicio y oración, los cuales son resultado de la inexpresable gratitud y adoración por la milagrosa santificación que se operó en mí gracias a la expiación de Cristo.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

23 De Julho
Mas vós sois dele, em Cristo Jesus, o qual se nos tornou da parte de Deus… santificação“, 1 Cor.1.30

O Lado da Vida. O mistério da santificação é que aquilo que Jesus é, Suas qualidades, são impostas em mim pela Sua presença e como oferta, não gradualmente mas, instantaneamente pela Sua presença e assim que consiga penetrar naquela fé onde Ele se me “tornou (…) santificação da parte de Deus“. Santificação é aquela santidade de Jesus vivendo em mim mesmo como se fosse minha e sendo exibida como tal ainda.

O segredo mais valioso sobre a santificação, nunca consiste em tentar imitar Jesus, mas, antes que todas as qualidades que Jesus tem se possam exibir em mim e por mim livremente e de forma espontânea ainda em minha carne humana. Santificação é simplesmente “Cristo em vós…“, Col.1:27. É sempre a Sua própria Vida que me é imputada e oferecida pela graça de Deus. Estarei ainda disposto a tentar que essa santificação seja tão real quanto ela é em Sua Palavra?

Santificação significa a implantação do próprio Jesus dentro de mim, exclusivamente. É esse mistério oferecido de Seu próprio amor, paciência, santidade, fé, pureza e santificação que será exclusivamente exibida por e em nós mesmos, em toda a alma santificada – sempre. Santificação nunca será obter poder de sermos tornados santos, mas, acima de tudo, poder obter a própria santidade de Jesus através de sua presença em nós mesmos, a qual ele tem como exibir em mim. Santificação é um implante mais do que uma imitação e uma conduta. Uma imitação é algo radicalmente diferente dela. A perfeição de tudo acha-se sedeada em Jesus Cristo e o grande mistério da santificação será que todas as virtudes e qualidades de Jesus Cristo se acham ao meu dispor – elas mesmo e não só as minhas próprias. Isso tem por consequência uma aprendizagem em mim de como viver exclusivamente nele uma vida raramente ordeira, capaz de impressionar e incapaz de ser expressada de outra forma, sendo “mantido através do poder de Deus“, 1 Pedro1:5.

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