Archive for the ‘Abertura-Opening-はじめに’ Category

Septiembre 24

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano y entonces vuelve y presenta tus ofrendas“, Mateo 5:23-24

Es fácil imaginar que llegaremos a un punto en nuestra vida donde estaremos completamente listos; pero la preparación no se produce de manera instantánea. De hecho, es un proceso que debe continuar ininterrumpidamente. Es peligroso estancarnos en nuestro nivel actual de experiencia. La vida cristiana exige preparación y más preparación.

El nuevo creyente se siente atraído de inmediato por el sentido de sacrificio. Lo que más nos atrae hacia Jesucristo, hablando en términos humanos, es la conciencia que tenemos de lo heroico. Pero el escrutinio de sus palabras súbitamente pone a prueba esta ola de entusiasmo. “Ve, reconcíliate primero con tu hermano”. El “ve” de la preparación consiste en permitir que la Palabra de Dios te escudriñe. Tu sentido heroico del sacrificio no es suficientemente bueno. Lo que el Espíritu Santo detecta en tu vida es la naturaleza que nunca podrá serle útil. Sólo Dios podrá descubrir esa naturaleza en ti. ¿Tienes algo que ocultarle? Si es así deja que Él te escudriñe con su luz. Si hay pecado en tu vida, no solamente debes admitirlo, sino confesarlo. ¿Estás dispuesto a obedecer a tu Señor y Maestro, por mucho que sea humillado tu derecho sobre ti mismo?

Nunca pases por alto una convicción que venga del Espíritu Santo. El hecho de que Él la haya traído a tu mente significa que es lo suficientemente importante y, por eso, la está sacando a la luz. Mientras buscas algo grande a lo cual renunciar. Dios te está hablando de algo muy pequeño; pero detrás de eso se halla el principal baluarte de la obstinación: “No quiero renunciar a mi derecho a mí mismo”. Sin embargo, precisamente este es el aspecto al cual Dios quiere que renuncies, si haz de ser un discípulo de Jesucristo.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

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24 De Setembro
Se, pois, ao trazeres ao altar a tua oferta, ali te lembrares de que teu irmão tem alguma coisa contra ti, deixa perante o altar a tua oferta, vai primeiro reconciliar-te com teu irmão; e, então, voltando, faz a tua oferta“, Mat.5.23,24.

Gostamos de pensar que um dia estaremos perfeitos e prontos para toa a boa obra, mas, a preparação não é uma posição de alcançar de uma hora para outra; é um processo que precisa ser firmemente mantido e impenetrável até ao seu fim. É perigoso acomodarmo-nos numa experiência qualquer. O que é preciso é preparação e mais preparação até estarmos preparados.

O sentido de sacrifício tem muitas coisas atraentes para um recém-convertido. Humanamente falando, o que nos atrai para Jesus Cristo é o nosso desejo de heroísmo e a sondagem que essas palavras do Senhor fazem em todos nós colocam à prova essa maré de entusiasmo que desponta para o nada. “Vai primeiro reconciliar-te com teu irmão”. O “vai” da preparação consiste em deixarmos que a Palavra de Deus faça uma sondagem em nosso coração a ver o que está lá. O sensacionalismo de todo sacrifício heróico não é suficiente para sermos heróis. O Espírito Santo detecta, então, em nós essa disposição que obterá qualquer lugar na obra de Deus. Ninguém, a não ser Deus, pode detectar essa disposição em cada um de nós. Você tem alguma coisa a esconder de Deus? Nesse caso, deixe que Deus o sonde com sua luz intensa. Se houver pecado, confesse-o; não o admita apenas – confesse-o como tal. Você está disposto a obedecer ao seu Senhor e Mestre, seja qual for a humilhação imposta sobre seus direitos e sobre si mesmo?

Nunca rejeite uma convicção de nada. Se ela é suficientemente importante para que o Espírito de Deus a traga à sua lembrança, é porque se trata de algo que ele está detectando em si. Você poderá estar pensando em renunciar a algo importante, quando o que Deus mais deseja no momento é falar-lhe de uma coisa que a si lhe parece insignificante; porque, por trás dela ergue-se a fortaleza fulcral de toda a obstinação: não renunciarei aos meus direitos sobre mim! E é exactamente isso o que Deus exige que você lhe entregue, se é que pretende ser discípulo de Jesus Cristo após isso ainda.

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Septiembre 23

Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén…“, Lucas 18:31

En la vida natural nuestras ambiciones cambian a medida que crecemos, pero en la vida cristiana la meta se nos indica desde el comienzo. El principio y el fin son exactamente iguales porque son el Señor mismo. Empezamos con Cristo y terminamos con Él. “Hasta que todos lleguemos…a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, Efesios 4:13; y no hasta que lleguemos a la idea de lo que consideramos que debería ser la vida cristiana. La meta del misionero es hacer la Voluntad de Dios; no ser útil ni ganar a los perdidos. El misionero es útil y sí gana a los perdidos, pero la meta es hacer la voluntad de su Señor.

En la vicia de nuestro Señor, Jerusalén fue la ciudad donde Él alcanzó en la cruz el punto culminante de la voluntad de su Padre. Y, a menos que vayamos con Jesús hasta ese lugar, no tendremos amistad ni compañerismo con Él. Nada pudo desanimar jamás a nuestro Señor en su camino hacia Jerusalén. Nunca se apresuró a salir de ciertas aldeas donde era perseguido, ni se demoró en otras donde lo bendecían. Ni la gratitud ni la ingratitud lo desviaron un ápice de su propósito de ir a Jerusalén.

“El discípulo no es más que su maestro ni el siervo mas que su señor”, Mateo 10:24. En otras palabras, lo mismo que le sucedió al Señor nos sucederá en el camino a nuestra Jerusalén. Las obras de Dios se manifestarán a través de nosotros, la gente será bendecida y uno o dos darán gracias, aunque el resto demostrará una total ingratitud. Pero nada debe desviarnos de subir a nuestra Jerusalén.

“Lo crucificaron allí”, Lucas 23:33. Eso fue lo que sucedió cuando el Señor llegó a Jerusalén y ese acontecimiento es la puerta de nuestra salvación. Sin embargo, los creyentes no terminan crucificados. Por la gracia del Señor terminan glorificados. Mientras tanto, nuestra consigna es: “Yo también subo a Jerusalén”.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

23 De Setembro
Eis que subimos para Jerusalém“, Luc.18.31

Na vida natural, todos aqueles anseios pessoais vão-se modificando na medida que passamos de uma fase para outra mais solidificada; na vida evangélica, o alvo nos é proposto logo desde o início; o princípio e o fim são o mesmo, isto é, o próprio Senhor Jesus Cristo de forma real. Começamos com Cristo e terminamos com Ele: “até que todos cheguemos… à medida da estatura da plenitude de Cristo”, Ef.4:13 e não à noção que temos do que deveria ser a vida com Cristo. O alvo da pessoa enviada por Deus é fazer a vontade dele e não ser útil, ou ganhar todos aqueles que estão perdidos; ele é útil e ganha almas, mas, seu alvo não é esse. O alvo dele é fazer a vontade do seu Senhor aqui na terra.

Para o Senhor, Jerusalém foi o lugar onde ele atingiu o apogeu da vontade do seu Pai na cruz e, a menos que o acompanhemos até lá, não estaremos na corrida com ele. Nada jamais desanimou o Senhor em sua caminhada para Jerusalém. Ele não atravessava às pressas certas aldeias onde era perseguido; nem se demorava nas outras, onde era glorificado. Nem a gratidão, nem a ingratidão dos homens fizeram com que o Senhor se desviasse um milímetro de seu propósito de subir para Jerusalém.

“O discípulo não está acima do seu mestre”, Mat.10:24. As mesmas coisas acontecerão connosco, a caminho da nossa Jerusalém pessoal. As obras de Deus se manifestarão através de nós; pessoas serão abençoadas e uma ou duas entre elas manifestarão gratidão, o resto, porém, total ingratidão; mas, nada deve impedir-nos de subir à nossa Jerusalém sem nos desviarmos nem um pouco de ir para lá exclusivamente.

“Ali o crucificaram”. Foi isso que aconteceu quando o Senhor chegou a Jerusalém. Esse acontecimento tornou-se a porta da salvação para todos nós. Contudo, nosso fim, como filhos de Deus não é a crucificacão para o pecado; pela graça do Senhor terminaremos em glória e sem pecado aqui, mas, o fim é Ele. Até lá, entretanto, nosso lema também será – eu subo para Jerusalém.

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Septiembre 22

Vosotros me llamáis Maestro y Señor y decís bien, porque o soy… De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor“, Juan 13:13,16

Tener un señor y un maestro no es lo mismo que ser dominado y enseñado. Tener un señor y un maestro significa que hay alguien que me conoce mejor que yo mismo, que es más íntimo que un amigo. Alguien que entiende las más remotas profundidades de mi corazón y puede satisfacerlas completamente. Alguien que me ha dado la seguridad de que ha encontrado y resuelto todas las dudas, incertidumbres y problemas de mi mente. Esto es tener un maestro, nada menos: “Uno es vuestro Maestro, el Cristo”, Mateo 23:8.

El Señor nunca me obliga a obedecerlo, ni toma medidas para forzarme a hacer su voluntad. En ciertas oportunidades quisiera que Dios me dominara y obligara a hacer lo que Él quiere, pero no lo hace; y, en otras, que me dejara tranquilo, pero tampoco lo hace.

“Vosotros me llamáis Maestro y Señor”, pero ¿realmente lo es? Las palabras, “Maestro y Señor” tienen poca cabida en nuestro vocabulario. Preferimos los términos Salvador, Santificación y Sanador. Amor es la única palabra que verdaderamente describe la experiencia de ser dominado, pero, sabemos muy poco del amor tal y como Dios lo revela en su Palabra. Esto es evidente por la manera como empleamos la palabra obedecer. En la Biblia la obediencia se fundamenta en una relación de igualdad, como la de un hijo con su padre, por ejemplo. Nuestro Señor no fue simplemente el siervo de Dios, sino su Hijo. “Y aunque era Hijo aprendió lo que es la obediencia”, Hebreos 5:8. Ser conscientes de que nos están dominando, es una prueba de que no tenemos ningún maestro y señor. Si esa es nuestra actitud hacia Jesús, estamos muy lejos de la relación que Él desea con nosotros. Él nos quiere en una relación en la que fácilmente sea nuestro Maestro y Señor, sin que nos demos cuenta; una relación en la que todo lo que sabemos es que somos suyos para obedecerlo.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

22 De Setembro
Vós me chamais o Mestre e o Senhor e dizeis bem; porque eu o sou… e o servo não é maior que seu mestre“, João 13.13,16

Ter um mestre não é o mesmo que ser dominado. Ter um mestre significa que há alguém que me conhece melhor que eu próprio, alguém que me é mais chegado que um amigo, alguém que sonda e esquadrinha o mais profundo de todo meu ser e satisfaz aqueles anseios com os quais fui criado originalmente; alguém que me dá a certeza de ter descoberto e solucionado todos os problemas e incertezas da minha mente e espírito. Ter um mestre é isso e nada abaixo disso mesmo: “Um só é o vosso Mestre, que é o Cristo”, Mat.23:8 I.B.B.

O Senhor nunca forçará a obediência sobre nós; não lança mão de certos artifícios para nos obrigar a fazer o que ele quer. Em certas ocasiões, eu gostaria que Deus me dominasse e me obrigasse a fazer certas coisas, mas, ele não age dentro desses parâmetros de obediência sequer; quando meu humor muda, gostaria que me deixasse em paz, mas, ele não deixa pois acha que meu humor não deveria ter mudado.

“Vós me chamais o Mestre e o Senhor” – mas, será que ele é mesmo isso para nós? As palavras Mestre e Senhor são pouco usadas em nosso vocabulário prático; preferimos antes tê-lo como Salvador, Santificador, Médico entre outras coisas. A única palavra que traduz a ideia de senhorio em nossa experiência prática será o amor, mas, sabemos muito pouco a respeito do amor como Deus o faz manifestar. A prova disso é a maneira pela qual usamos a palavra “obedecer”. Na Bíblia, a obediência nasce a partir dum certo tipo de relacionamento com Deus de igual para igual – o de um filho com seu pai. O Senhor Jesus não era escravo de Deus, ele era seu Filho. “Embora sendo Filho, aprendeu a obediência…”, Heb.5:8. Se nossa ideia é a de que estamos sendo dominados, isso prova que não temos mestre nenhum sequer; se essa é a nossa atitude para com Jesus, estamos muito longe de ter o relacionamento ideal com ele, o qual ele deseja ter connosco e em absoluta exclusividade. Jesus quer que tenhamos com ele um relacionamento no qual ele seja nosso Mestre, sem que tenhamos disso conhecimento consciente, mas, antes vivente e real e tudo o que sabemos é que somos dele para lhe obedecermos por natureza.

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Septiembre 21

Ahora, pues, Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo“, Isaías 49:5

Lo primero que sucede después de comprender que hemos sido elegidos por Dios en Cristo Jesús es la destrucción de nuestros prejuicios, ideas intolerantes y patriotismos. De manera exclusiva nos volvemos siervos de los propósitos personales de Dios. Toda la raza humana fue creada para glorificarlo y gozarse en Él para siempre. El pecado la desvió hacia otro camino, pero no ha alterado en lo más mínimo la intención original del Señor. Y cuando nacemos de nuevo, comprendemos su gran propósito para la humanidad: que Dios nos creó para sí mismo. Darnos cuenta de que hemos sido elegidos por Él es el descubrimiento más gozoso de la tierra y debemos aprender a descansar en este maravilloso propósito creador de Dios. Lo primero que Él hará es “empujar” los intereses de la humanidad entera a través del canal de nuestro corazón. Y así entra en nosotros el amor de Dios, su misma naturaleza, la cual se concentra en Juan 3:16, “de tal manera amó Dios al mundo…”

Debemos siempre mantener abierta nuestra alma al propósito creador de Dios y nunca confundirlo con nuestras propias intenciones. Si lo hacemos, por mucho que nos duela Él las trastornará. Dios crea un misionero para que sea su siervo, alguien en quien Él se glorifica. Una vez nos demos cuenta de que mediante la salvación en Jesucristo somos hechos perfectamente aptos para su propósito, comprenderemos por que Jesucristo es tan exigente e inflexible en sus demandas. Él exige de sus siervos absoluta rectitud, porque ha puesto dentro de ellos la misma naturaleza de Dios.

Ten cuidado de no olvidar el propósito divino para tu vida.

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojoy examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

21 De Setembro
Mas agora diz o Senhor, que me formou desde o ventre para ser seu servo“, Is.49.5

A primeira coisa que acontece depois que compreendemos que fomos eleitos em Cristo Jesus, é a destruição de nossos preconceitos e de nossos bairrismos populares; somos transformados em servos dos propósitos do próprio Deus. Toda a raça humana foi criada para glorificar Deus e deleitar-se nele continuamente e para sempre. O pecado desviou a raça humana dando-lhe um outro rumo, mas, não alterou nem um til de todo o propósito de Deus; e quando nascemos de novo, Deus nos faz compreender o grande propósito inicial dele para toda a raça humana – fomos criados para Deus, eleitos nele, pois foi ele quem nos fez. Entender essa eleição de Deus sobre todos nós, é a experiência mais jubilosa de toda a terra e teremos que aprender a confiar no extraordinário propósito do Deus criador. A primeira coisa que Deus realiza em nós é fazer passar por esse nosso coração os interesses do mundo inteiro, os que ele próprio tem pelo mundo. Nós recebemos o amor de Deus, a própria natureza dele; e essa natureza do Deus todo-poderoso encontra-se sintetizada de forma nobre em João 3.16: “Porque Deus amou ao mundo de tal maneira…”

Precisamos manter nossa alma aberta para o propósito original de Deus sobre nós, sem, contudo, permitir que nossas intenções pessoais o poluam ou anulem pela impureza. Se o fizermos, Deus terá que esmagar nossas intenções, por mais que isso nos doa. A comissão missionária tem como finalidade absoluta fazer-nos servos de Deus, servos em quem e por quem Deus é glorificado. Uma vez que compreendemos que a salvação de Jesus Cristo nos torna perfeitamente aptos para Deus e seus propósitos globais e individuais, podemos entender por que Jesus Cristo é tão implacável em todas aquelas exigências que faz. Ele exige de seus servos uma rectidão incondicional porque colocou neles a própria natureza que Deus também tem.

Tenha cuidado para não perder de vista o propósito que Deus tem para toda a sua vida!

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Septiembre 20

Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto“, Mateo 5:48

La exhortación del Señor en los versículos 38 al 48 es a que seamos generosos en la manera de comportarnos con todos. Cuida de tu vida espiritual dejando de vivir según tus gustos y simpatías naturales. Todo el mundo los tiene. Algunas personas nos agradan y otras no. Sin embargo, no debemos permitir que esas afinidades y antipatías gobiernen nuestra vida cristiana. Pero, “si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros”, Juan 1:7, incluso con aquellos hacia quienes no sentimos ninguna simpatía.

El ejemplo de nuestro Señor no es el de una persona buena y ni siquiera el de un buen cristiano, sino el de Dios mismo. Sed perfectos como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto. En otras palabras, simplemente muéstrale a tus semejantes lo que Dios te ha mostrado. El Señor te dará muchas oportunidades para demostrar en la vida real si eres perfecto o no, como tu Padre que está en los cielos es perfecto. Ser un discípulo significa que te identificas de manera consciente con los intereses de Dios en otras personas. Jesús dice: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros, como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos si tenéis amor los unos por los otros”, Juan 13:34-35.

La verdadera expresión del carácter cristiano no es hacer lo bueno sino ser semejante a Dios. Si su Espíritu te ha transformado interiormente, tu vida manifestará características divinas y no solamente buenas cualidades humanas. La vida de Dios en nosotros se expresa a si misma como la vida de Él. No se trata de la vida humana que procura ser piadosa. El secreto en la vida de un cristiano es que, como resultado de la gracia de Dios, lo sobrenatural se vuelve natural en él. Esta experiencia es evidente en los detalles prácticos de la vida diaria, no en los momentos de comunión íntima con Dios. Cuando estamos en contacto con situaciones de crisis, hallamos, para nuestra sorpresa, que tenemos el poder de mantenernos maravillosamente tranquilos en medio de todo.

 

 

AVIVAMIENTOS

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20 De Setembro
Portanto, sede vós perfeitos como perfeito é o vosso Pai celeste“, Mat.5.43-48

A exortação do Senhor nestes versículos é para que sejamos generosos com todas as pessoas sem qualquer excepção sequer. Cuidemos para que nossas afinidades naturais não exerçam pesos e medidas sobre a nossa vida espiritual. Todos têm afinidades naturais e desse modo gostamos de certas pessoas e de outras já não. Contudo, nunca devemos permitir que nossa vida evangélica seja gerida por nossas inclinações pessoais ainda. “Se, porém, andarmos na luz, como ele está na luz teremos comunhão uns com os outros”, mesmo com aquelas pessoas com quem não temos nenhuma afinidade pessoal para desenvolver.

O exemplo que o Senhor apresenta não é o de um homem bom, nem mesmo de um bom cristão, mas, do próprio Deus e em primeira pessoa a todos nós. “Portanto, sede vós perfeitos como vosso Pai celeste é perfeito”; mostre aos outros o amor que Deus tem mostrado a si também. Deus nos dará amplas oportunidades nesta vida para provar se somos perfeitos como nosso Pai no céu. Ser discípulo significa identificarmo-nos deliberadamente com os interesses que Deus tem pelas outras pessoas. Jesus disse assim: “Um novo mandamento vos dou: que vos ameis uns aos outros; assim como eu vos amei a vós, que também vós vos ameis uns aos outros. Nisto conhecerão todos que sois meus discípulos, se tiverdes amor uns pelos outros”, João 13:34-35.

Não é fazendo o bem que demonstramos ter carácter bíblico, mas, sendo semelhantes a Deus. Se o Espírito de Deus o transformou interiormente, sua vida exibirá características divinas e não meras boas qualidades. A vida de Deus em nós expressa-se como a própria vida de Deus, não como uma vida humana que se esforça para ser divina. O segredo do cristão é que, pela graça de Deus, o sobrenatural torna-se natural nele e ele experimenta isso, não nos momentos de comunhão com Deus, mas nos pormenores práticos de toda a sua vivência. E sempre que se confronta com situações difíceis e problemáticas, ele fica admirado por descobrir que tem o poder de se manter equilibrado no meio de tudo e de forma milagrosa e maravilhosa.

 

 

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