Archive for January, 2017

Enero 30

Samuel… temía contar la Visión a Elí“, 1 Samuel 3:15

Dios nunca nos habla en formas impresionantes y dramáticas, pero sí en modos que fácilmente podemos malinterpretar. Entonces decimos: “Me pregunto si esa es la voz de Dios…” Isaías manifestó que el Señor le habló con mano fuerte, es decir, por la presión de sus circunstancias (Isaías 8:11). Sin la mano soberana del mismo Dios, nada afecta nuestras vidas. ¿Podemos discernir su mano obrando, o percibimos las circunstancias como simples acontecimientos? 

Forma el hábito de decir: Habla, Jehová y la vida se volverá un idilio (1 Samuel 3:9). Cada vez que las circunstancias te apremien, di: Habla, SEÑOR y toma tiempo para escuchar. La disciplina es más que un medio de corrección y tiene el propósito de llevarme al punto en que diga: Habla, Jehová. Trae a tu memoria una ocasión cuando Dios te haya hablado. ¿Recuerdas lo que te dijo? ¿Fue Lucas 11:13, 1 Tesalonicenses 5:23? A medida que escuchamos, nuestros oídos se vuelven más sensibles y, como Jesús, escucharemos a Dios todo el tiempo. 

¿Debo decirle a “mi Elí” lo que el Señor me ha manifestado? Aquí es donde surge el dilema de la obediencia. Desobedecemos a Dios cuando asumimos el rol aficionado de “divinas providencias” y pensamos: “Debo proteger a Elí”, el cual representa a las mejores personas que conocemos. El Señor no le dijo a Samuel que le contara a Elí; él tuvo que decirlo por su cuenta. El mensaje de Dios para ti podría lastimar a “tu Elí” pero tratar de impedir el sufrimiento en la vida de otra persona resulta ser un obstáculo entre tu alma y Dios. Si evitas que a alguien le corten su mano derecha o le saquen su ojo derecho, es por tu cuenta y riesgo (ver Mateo 5:29-30).

Nunca pidas el consejo de alguien con respecto a cualquier cosa sobre la que Dios te haga tomar una decisión delante de Él. Si pides consejo, casi siempre terminarás involucrándote con Satanás. “…No me apresuré a consultar con carne y sangre”, Gálatas 1:16.

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

30 De Janeiro 

Samuel… temia relatar a visão a Eli“, 1 Sam.3.15.

Deus dificilmente nos fala de forma extraordinária; ele usa os módulos mais simples os quais podem facilmente ser mal compreendidos; e então estamos questionando: “Será que é a voz de Deus mesmo?” Isaías disse: O Senhor me falava “tendo forte a mão sobre mim”; ou seja, pela pressão das circunstâncias (Isaías 8:11). Nada perturba mais tocando nossa vida do que o próprio Deus. Será que discernimos a sua mão sobre nós, ou vemos tudo apenas como meras ocorrências?

Cultive esse hábito bendito de poder dizer: “Fala, Senhor”; e toda a sua vida se tornará uma verdadeira história de amor (1 Samuel 3:9). Sempre que as circunstâncias o pressionarem, permita-se dizer: “Fala, Senhor”; e depois pare para prestar mais atenção. A correcção é mais do que um mecanismo de disciplina; ela visa obrigar-me a dizer: “Fala, Senhor”. Tente também recordar-se de alguma ocasião pela qual Deus lhe falou; será que já se esqueceu do que ele disse? Teria sido em Luc.11.13, ou foi em 1 Tes.5.23? Quando prestamos atenção, nosso ouvido se aguça e, como Jesus, ouvimos Deus incessantemente.

Deverei contar ao meu “Eli” o que Deus me falou? É aí que entra o dilema da obediência. Desobedecemos a Deus fazendo de providência divina muitas vezes. “Preciso proteger e cobrir por Eli”; “Eli” são as pessoas que melhor conhecemos. Deus não ordenou a Samuel que contasse a visão a Eli; ele teve que decidir isso por ele mesmo. O chamamento de Deus dirigido a si poderá vir a magoar o seu “Eli” preferido, mas, caso tente impedir o sofrimento de outrem por sua causa, isso virá a tornar-se um obstáculo à sua alma para com Deus. Se poupar outra pessoa de “amputar a mão direita” ou de “arrancar o olho direito”, também você correrá sérios riscos (ver Mateus 5:29-30). 

Nunca peça o conselho de outros sobre algo que Deus quer que decida diante dele a sós. Se pedir conselho a outro que não a Ele, quase sempre ficará do lado de Satanás. “Não consultei carne e sangue”, Gal.1:16.

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Enero 29

…¿Quién eres, Señor?… ” Hechos 26:15

“…Jehová me habló de esta manera con mano fuerte…” Isaías 8:11. Cuando el Señor habla no hay escapatoria. Él siempre viene a nosotros utilizando su autoridad y apoderándose de nuestro entendimiento. ¿Has oído directamente la voz de Dios? Si es así, no puedes entender mal la persistencia íntima con la cual te ha hablado. Dios se expresa en el idioma que tú conoces mejor; no por medio de tus oídos, sino a través de tus circunstancias. 

Él debe destruir la obstinada confianza en nuestras propias convicciones. Decimos: “Yo sé que esto es lo que debería hacer”; y de repente la voz del Señor nos habla en una forma que nos abruma, revelando la profundidad de nuestra ignorancia. Manifestamos nuestra falta de conocimiento de Él en la manera en que hemos decidido servirle; servimos a un espíritu que no es el suyo, lo herimos por la defensa que presentamos de ÉI; y presionamos sus exigencias en el espíritu del diablo. 

Nuestras palabras suenan bien, pero el espíritu es el de un enemigo. “Los reprendió diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois”, Lucas 9:55. En 1 Corintios 13 se describe el espíritu de nuestro Señor en sus defensores. 

¿He estado persiguiendo a Jesús por la determinación impaciente de servirle a mi manera? Si siento que he cumplido con mi deber, pero he lastimado al Señor en el proceso, puedo estar seguro de que ese no era mi deber porque no fomentó un espíritu afable y apacible, sino el espíritu de mi satisfacción personal. ¡Nosotros suponemos que todo lo que sea desagradable es nuestro deber! ¿Acaso eso se parece en algo al espíritu de nuestro Señor? “… El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado…” Salmos 40:8.

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

29 De Janeiro 

Quem és tu. Senhor?” Act.26.15

“Porque assim o Senhor me disse, tendo forte a mão sobre mim”Isaías 8:11. Não há como escapar quando é o Senhor que nos fala, pois quando ele vem, faz de tudo para consumir toda a nossa atenção. Já alguma vez a voz de Deus lhe falou directamente? Se falou, não há como ter dúvidas, pois, com uma insistência muito íntima, ela usa da linguagem que você melhor entende a nível pessoal e não a que entra através dos ouvidos para sair de novo, mas, antes através da linguagem das suas circunstâncias.

Deus tem que destruir a confiança em nossas próprias convicções a qual, muitas vezes, se torna persistente e teimosa. “Eu sei que é isto o que deveria estar a fazer”. E, de repente, a voz de Deus fala de um modo que nos deixa surpreendidos, revelando aos nossos olhos as profundezas da nossa ignorância. Expomos nossa ignorância em relação a ele através do modo como decidimos servi-lo, pela obstinação. Servimos Jesus impelidos por um espírito que não é próprio n’Ele e o magoamos sempre pelo módulo que empregamos para o defendermos; divulgamos a sua mensagem com o espírito do diabo. Nossas palavras parecem sempre ser as certas, mas, nosso espírito é o espírito do inimigo. “Jesus… os repreendeu e disse: Vós não sabeis de que espírito sois”Lucas 9:55. O espírito do Senhor que deve instigar todos os representantes dele é o que vem sobejamente descrito em 1 Cor.13.

Estou perseguindo a Jesus com minha determinação zelosa para servi-lo à minha maneira? Se sinto que, ao cair do pano no cumprir do meu dever, eu o feri, posso estar certo de que esse não era o meu dever para aquele dado momento, porque não produziu um espírito manso e humilde nem em mim nem nos outros, mas antes amor-próprio. Imaginamos que tudo quanto é desagradável seja dever! Acaso isso se assemelha ao espírito do Senhor que se expressa assim, “Agrada-me fazer a tua vontade, ó Deus meu”? Salmos 40:8

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Enero 28

Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Hechos 26:14

¿Estás empeñado en seguir a Dios a tu manera? Nunca nos libraremos de esta trampa hasta que se nos lleve a la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). La obstinación y la terquedad siempre lastiman a Jesucristo. Quizás no hieran a nadie más, pero hieren a su Espíritu. Siempre que somos obstinados, voluntariosos y que nos empeñamos en nuestras propias ambiciones, herimos a Jesús. Cada vez que defendemos nuestros derechos y persistimos en que no vamos a ceder, estamos persiguiendo a Jesús. Cada vez que insistimos en nuestra dignidad, estamos contristando y perturbando a su Espíritu de modo sistemático. Y cuando finalmente entendemos que es a Jesús a quien hemos estado persiguiendo todo el tiempo, esto se convierte en la más abrumadora revelación. 

¿Es la Palabra de Dios muy penetrante y cortante en mí cuando te la transmito, o mi vida traiciona lo que enseño? Puedo dar lecciones sobre la santificación y, aun así, manifestar el espíritu de Satanás, el mismo espíritu que persigue a Jesucristo. Su Espíritu sólo está consciente de una cosa: la perfecta unidad con el Padre. Él nos dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mi; que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”, Mateo 11:29. Todo lo que hago debería tener como base una perfecta unidad con Él y no la determinación voluntariosa de ser piadoso. Esto implica que las personas fácilmente pueden aprovecharse de mí, pasarse de listas conmigo o ignorarme por completo; pero, si me someto a estas circunstancias por causa de ÉI, impediré que Jesucristo sea perseguido. 

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

28 De Janeiro

Saulo, Saulo, por que me persegues?Act.26:14

Será que estou servindo a Deus de forma teimosa, persistente e à minha maneira? Nunca estaremos livres do risco dessa cilada subtil e obreira enquanto não passarmos pela experiência do baptismo do Espírito Santo e com o fogo vindo de Deus. Nossa obstinação e teimosia sempre apunhalarão Jesus Cristo pelas costas. Podem até nem ferir mais ninguém, mas, com certeza que ferirão o seu Espírito. Sempre que nos mostrarmos obstinados e teimosos e apegados às nossas próprias ambições e insinuações, estaremos nas mesmas vias de perseguição a Jesus. Todas as vezes que fincarmos um só pé sobre nossos direitos e insistirmos que é isso que pretendemos fazer, estamos chacinando Jesus. Sempre que nos agarrarmos à nossa dignidade, estaremos invariavelmente a aborrecer e a entristecer o seu Espírito profundamente; e quando nos apercebermos que afinal era a Jesus que estivemos a perseguir o tempo todo, teremos, então, a revelação mais devastadora da nossa existência.

Será que a Palavra de Deus surge, também, como poderosa e penetrante em mim mesmo quando a transmito aos outros, ou a minha vida desmente o que pretendo ensinar? Posso estar a esforçar-me ensinando a santificação e, mesmo assim, exibindo o espírito de Satanás, o espírito que persegue a Jesus Cristo. O Espírito de Jesus só leva em conta e toma conhecimento duma coisa única – daquela união perfeita com o Pai. E ele diz: “Aprendei de mim, porque sou manso e humilde de coração” Mateus 11:29. Tudo o que faço deveria fundamentar e manifestar exclusivamente essa mesma união sólida com ele, mas não através duma determinação obstinada de se ser santo. Isso significa que posso até ser prejudicado, ludibriado, ignorado; mas, se a tudo isso me submeto por amor a Jesus Cristo, impeço que ele seja perseguido por mim. 

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Enero 27

…No os angustiéis por vuestra vida…” Mateo 6:25

Una amonestación que resulta necesario repetir es que las preocupaciones de este siglo y el engaño de las riquezas y la codicia de otras cosas, ahogarán la vida de Dios en nosotros (Mateo 13:22). Nunca estamos libres de las repetidas oleadas de esta invasión. Si el ataque no es por la ropa y el alimento, será por el dinero o la falta de él, por amigos o la falta de ellos, o por las circunstancias difíciles. Es una invasión continua y si impedimos que el Espíritu de Dios levante bandera en su contra, estas situaciones entrarán como una inundación.

Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida…“. Nuestro Señor manifiesta que tengamos cuidado de una sola cosa: nuestra relación con Él. Pero, nuestro sentido común grita estrepitosamente y dice: “Eso es absurdo, yo debo pensar en cómo voy a vivir, debo tomar en cuenta que voy a comer y beber”. Pero, Jesús dice que no debemos hacerlo. No nos permitamos creer que Él lo dice sin entender nuestras circunstancias particulares. Jesucristo las conoce mejor que nosotros mismos y Él declara que no debemos pensar en ellas de manera que se conviertan en la preocupación fundamental de nuestra existencia. Siempre que en nuestra vida haya intereses en pugna, asegurémonos de darle prioridad a nuestra relación con Dios.

…Basta a cada día su propio mal“, Mateo 6:34. ¿Cuánto mal ha empezado a amenazarte en este día? ¿Qué clase de perversos diablillos han estado investigando tu vida y te preguntan por tus planes para el mes entrante o para el próximo año? Jesús nos dice que no nos afanemos por ninguna de esas cosas. Mira de nuevo y piensa. Mantén tus pensamientos en el mucho más de tu Padre celestial, Mateo 6:30.

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

27 De Janeiro 

Não andeis ansiosos pela vossa vida“, Mat.6.25.

A advertência que necessita de ser reiterada firmemente é a de que os cuidados deste mundo, a ilusão das riquezas (Mateus 13:22), acrescida da cobiça por muitas outras coisas, sufocarão tudo o que Deus semear em nós. Nunca estamos livres do vaivém e dos altos e baixos dessas mesmas interferências. Quando o problema não vem em forma de vestuário ou alimento, virá sob a forma de dinheiro ou da sua falta; de amigos ou da sua ausência; ou de circunstâncias mais difíceis. É uma constante impertinência e, a menos que deixemos que o Espírito de Deus erga seu estandarte em nós mesmos contra todas essas coisas, elas surgirão como uma constante intromissão.

Não andeis ansiosos pela vossa vida“. Preocupa-te apenas com uma coisa única, diz o Senhor, com o teu relacionamento comigo. Mas, o bom senso grita alto e a bom som, dizendo: “Isso é absurdo; eu necessito de pensar como vou viver, tenho que pensar no quanto vou comer e beber”. Jesus afirma que não – e que não mesmo. Mas tomemos aquele cuidado subtil para não nos deixarmos prender na ideia de que essa afirmação é feita por uma pessoa que não compreende as circunstâncias particulares da vida na qual nos deparamos. Jesus conhece-as por dentro e por fora e diz que não devemos parar para pensar ao ponto de transformá-las numa maior preocupação que a do próprio dia. Sempre que houver uma competição dentro de nós sobre esse mesmo assunto, certifiquemo-nos antes que nos achamos preferencialmente a colocar todo o nosso relacionamento com Deus em dia e no seu devido lugar.

Basta a cada dia o seu próprio malMateus 6:34. Quantos males começaram a ser realçados por si só hoje? Quais os diabinhos que fitaram seu semblante a perguntar: “Agora, que é que vais fazer no mês que ainda vem? E no próximo ano?” “Não vos inquieteis”, diz Jesus. Torne, olhe e pense de novo. Fixe sua mente no “quanto mais” do Deus celestial. Mateus 6:30.

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

 * T. A. Hegre

A Ciência afirma que existe um princípio segundo o qual todos os processos físicos tendem a tornar-se mais lentos, frios e gradualmente desordenados. Chamam a isto a “Segunda lei da termodinâmica”.

Ninguém precisa ser cientista para concordar com esta afirmação. Basta apenas observar que não conseguimos mais correr como corríamos antes, não mantemos a mesma medida de entusiasmo que tínhamos antes, e não conseguimos lembrar fatos com a mesma facilidade com que lembrávamos antigamente.

A “segunda lei” acha-se presente em todos os aspectos de nossa vida física. Sabemos que existe uma lei semelhante em operação no plano espiritual. “Se não tomarmos providências para evitar que a nossa vida se deteriore, ela se desintegrará.”

Jesus diz a mesma coisa com as seguintes palavras:

Porque a todo o que tem se lhe dará, e terá em abundância; mas ao que não tem, até o que tem lhe será tirado.” (Mt 25.29).

Um culto que antes era fervoroso tende a tornar-se frio e formal. Uma obediência que antes era imediata, começará a retardar até tornar-se desobediência. Um testemunho que antes era sincero, tende a ficar estagnado.

Se nossa vida espiritual for deixada ao acaso, podemos estar certos de que declinará em todos os sentidos. Por esta razão, é necessário que, periodicamente, nós nos examinemos sob a inspiração do Espirito Santo.

Damos a seguir algumas sugestões que podem orientar-nos nessa auto-análise.

Examine a sua conversão

Você tem permitido que sua língua funcione sem vigilância? Antes você era muito cauteloso com a maneira como falava com sua esposa. Evitava ferir os sentimentos dela. Mas nos últimos dias, está falando a primeira coisa que lhe vem à cabeça, sem se importar se suas palavras vão magoá-la ou não?

Você tem reagido violentamente contra as palavras de outras pessoas? Tem dado respostas prontas e meio ásperas, quando alguém diz algo a seu respeito que não é muito lisonjeiro? Como têem sido suas palavras quando alguém o interrompe em meio à descrição de um projeto ou de um programa que você aprecia?

É impressionante como as pessoas têem um grande cuidado na escolha das palavras quando se encontram num local de trabalho, ou quando estão conversando com alguém que conhecem pouco. Se pudéssemos ouvi-las quando chegam em casa e se acham com seus queridos, iríamos indagar o que causou tal mudança.

Entre estranhos, sempre dizemos: “eu gostaria de sugerir…” mas em casa: “ponha logo esse jantar na mesa, estou com muita pressa”. No escritório, dizemos: “poderia trazer-me um cafezinho, por favor?” Mas em casa: “ei, saia da frente, assim não posso ver o noticiário.” Esse descuido na conversação certamente vai refletir-se num esfriamento espiritual.

Examine seu arrependimento

Um dos profetas do passado disse certa vez o seguinte: “Rasgai o vosso coração, e não as vossas vestes…” (Jl 2.13). E essa ordem foi bem compreendida pelo povo de seu tempo. Naquele tempo, rasgar as roupas era um modo muito comum de uma pessoa mostrar que se achava profundamente triste, preocupada ou aflita.

Infelizmente, segundo a opinião do profeta, havia muita rasgação de roupas, mas pouco arrependimento. Havia muita atuação simbólica, mas as atitudes que ela representava não existiam realmente. Recentemente, uma pessoa chamou nossa atenção para um exemplo clássico dessa superficialidade.

Ela contou que um de nossos presidentes, após fazer um apelo público aos americanos para que dedicassem determinado dia à oração e meditação, passou esse dia num campo de golfe. Mas examinemos a nós mesmos. Somos nós que precisamos efetuar essa auto-avaliação. A pergunta a ser feita é a seguinte: “existe algum pecado em minha vida, no presente, do qual ainda não me arrependi?”

Examine seu crescimento espiritual

A melhor maneira de avaliarmos nosso compromisso espiritual é fazendo um retrospecto. Então, o certo é efetuarmos uma auto-análise de vez em quando, para sabermos se estamos crescendo.

Em geral sentimos que nossa vida é constituída de etapas. Na esfera espiritual, a primeira dessas etapas seguiu-se à nossa experiência de arrependimento e recebimento de Cristo como Senhor e Salvador. Mas certamente, essa não deve ser a última fase do desenvolvimento espiritual. Então chegou um momento em que desejamos outras bênçãos além do perdão dos pecados.

Sabíamos que precisávamos de uma pureza interior que ainda não havíamos experimentado. Além disso, necessitávamos de maior entusiasmo em nosso esforço de ganhar outros para Cristo. E foi assim que, provavelmente, subimos  outro degrau e recebemos a Cristo como nosso santificador, que nos encheu com o seu Espírito Santo.

Mas o problema começa quando nos deixamos ficar num desses degraus e não seguimos em frente. Você está crescendo ou está parado?

Examine seu estudo da Bíblia

Muitas pessoas, às vezes, vêem ao altar após um culto, e revelam uma carência espiritual, mas não sabem definir com clareza o que está errado. Então eu lhes pergunto: vocês têem lido a Bíblia como antes? E, de modo geral, a resposta é a seguinte: para ser sincero, devo confessar que não.

Uma senhora que fora missionária na Coréia durante cinqüenta anos, visitou certa ocasião um seminário. O diretor da instituição notou que muitos dos seus colegas iam aconselhar-se com ela, e saiam dali radiantes. Então, ele também foi falar com ela.

Mal a porta se fechara, ela lhe perguntou diretamente: com que freqüência o senhor está lendo a Bíblia? Pego de surpresa, ele respondeu: ora, eu sou diretor deste seminário! Entenda uma coisa, disse ela. Não foi isso que eu perguntei. O que quero saber é com que freqüência o senhor está lendo a Bíblia para a edificação de sua alma.

Meio envergonhado, ele confessou que raramente lia as Escrituras com este objetivo. O descuido da verdade, com toda a certeza, leva-nos a esfriar. E negligenciar o estudo da Bíblia é descuidar da verdade.

Examine sua comunhão com os irmãos

Existe muita coisa por aí que consideramos comunhão e que realmente não é. É muito fácil estarmos em companhia de pessoas, sem realmente termos comunhão com elas. É possível uma pessoa ir à igreja, ouvir a mensagem e os cânticos, e sair dali sem ter tido um minuto de comunhão.

É também possível termos um calendário cheio de atividades sociais, e uma vida vazia de comunhão. A comunhão cristã é um encontro de corações e mentes em torno de questões que são partilhadas de modo peculiar pelos cristãos.

Como seres humanos, temos muitas coisas em comum com outros cristãos – e somente com outros cristãos. Uma delas é nosso amor por Jesus, e também nossa gratidão pelo perdão e pela vida eterna.

Nós nos interessamos pela condição da humanidade perdida. Temos aquele desejo de que Cristo seja reverenciado aos olhos dos outros. Temos experiência dos dons de Deus e Sua graça. Temos testemunhos de vitória sobre as tentações.

Conversas sobre a conduta dos filhos, os últimos resultados dos jogos de futebol,  ou a crise mundial, não constituem uma verdadeira comunhão cristã. Podemos debater esse tipo de assunto com qualquer pessoa. Mas não são o terreno comum no qual os cristãos se acham unidos.

Portanto, é possível um crente falar o dia inteiro sobre diversos assuntos e ao final sair dali sem o menor sentimento de edificação. Não fomos edificados porque estivemos cultivando amizade e não comunhão.

Examine o que tem lido ultimamente

Conta-se que William Parker, o grande pregador, muito cedo na vida tomou a decisão de ler somente aquilo que pudesse capacitá-lo a pregar e ensinar a Palavra de Deus. Ele não apenas lia muito, mas selecionava o que lia. Infelizmente, muitos nem selecionam.

Raramente conseguem lembrar qual foi a última vez que leram alguma coisa de valor ou de grande importância. E, no entanto, os bons livros podem transformar vidas! Bacon afirmava que “ler torna o homem mais completo”. E a poetiza Elizabeth Browing disse: “os livros são homens de grande estatura.”  O que você tem lido ultimamente?

Examine suas ligações de dependência

Um dos mais importantes princípios para um viver cristão vitorioso é o da crescente dependência. Isso significa que toda vez que recebermos uma orientação do Senhor devemos esperar que ela seja singular.

Nem sempre Deus nos dá a mesma orientação. Com Moisés, por exemplo, uma vez ele mandou bater na rocha. Mais tarde ordenou que falasse a ela. Assim também é conosco. Mas é possível que estejamos cultivando certas dependências falsas, que drenam toda a nossa energia espiritual.

  1. Talvez estejamos confinados em nossa atual posição com relação à nossa segurança econômica, em vez de confiarmos em Cristo.
  1. E para o caso de perdermos o emprego, estamos confiados em nossas próprias habilidades, em vez de no Senhor.
  1. Podemos estar sentindo segurança em nossa conta bancária.
  1. Podemos estar confiados no nosso governo.
  1. Para nosso crescimento espiritual, podemos estar demasiadamente confiados num bom amigo crente.
  1. Para o serviço cristão no futuro, podemos estar confiados em nosso talento, ao invés de nos apoiarmos em Cristo e nos seus dons divinos.
  1. E nas decisões básicas da vida, podemos estar mais confiados em nossas intuições e palpites do que na orientação do Espírito.

Todas estas coisas são fundamentos falsos. Estão tomando o lugar de Deus.

Examine seus “espinhos”

Quando o povo de Israel tomou a terra de Canaã, o Senhor lhes disse que se não destruíssem os cananitas eles se tornariam como espinhos “em suas ilhargas”, a fim de levá-los a buscar a Deus.

É importante que reconheçamos quando um espinho nos está irritando, e reajamos à pontada dele com uma atitude de arrependimento. Muitos crentes não percebem os espinhos que permanecem em sua vida como resultado de uma consagração incompleta. A tendência deles é atribuir aquela dificuldade a Satanás ou a alguma causa natural.

Talvez a sua dor se manifeste em inquietação… e enquanto isso, o espinho é pecado não confessado, ou uma relutância em encarar o pecado e em reconhecê-lo como tal.

Talvez a dor seja cansaço… e o espinho, o fato de não querer pedir perdão, ou uma atitude de rebelião contra certas circunstâncias que Deus permite em sua vida.

Talvez a dor seja nervosismo… e a razão dela, o fato de você não querer abandonar um mau hábito, como o de permitir-se acessos de raiva, ou deixar-se mergulhar em autopiedade.

Temos de reconhecer a existência desse espinho e tomar a providência que se fizer necessária, pela natureza dele.

Pode ser que logo que começou a ler este artigo você tenha sentido que está esfriando espiritualmente, mas relutando em examinar sua vida, por recear ficar deprimido. Mas a auto-análise não tem por objetivo ser um fim em si mesma. Ela é apenas o primeiro passo, no sentido de se obter o perdão, e uma nova condição para receber a graça.

Se você resolver encarar todas as coisas que o estão puxando para baixo, confessá-las a Deus e resolver modificar-se, Ele o perdoará imediatamente e o restaurará.

E estando prontos para punir toda desobediência, uma vez completa a vossa submissão.” (2 Co 10.6)

E Ele fará ainda mais: colocará diante de nós outra porta aberta para a obediência, para que possamos, seguindo em frente, obter uma paz maior, um poder maior e um maior progresso espiritual.

* T. A. Hegre – Pastor e fundador da Missão Evangélica Betânia dos Estados Unidos.

Revista Betânia – Ano 1 – n.º 3 – Janeiro/Abril 99.

Enero 26

Y si a la hierba del campo… Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros…?” Mateo 6:30

Una afirmación sencilla de Jesús siempre resulta ser un enigma para nosotros, si no somos personas sencillas. ¿Cómo podemos mantener la simplicidad de Jesús para poder entenderlo? Si recibimos su Espíritu, lo reconocemos y confiamos en Él; si lo obedecemos a medida que nos presenta la verdad de su Palabra, entonces la vida se volverá sorprendentemente sencilla. Jesús nos pide que pensemos en que si a la hierba del campo Dios la viste así, ¿no hará mucho más por ti, si mantienes correcta tu relación con Él? Cada vez que retrocedemos en la comunión con Dios es porque irrespetuosamente pensamos saber más que Jesucristo, y hemos dejado que se asienten las preocupaciones de este siglo (Mateo 13:22), mientras que olvidamos el mucho más de nuestro Padre Celestial. 

“Mirad las aves del cielo…” (Mateo 6:26): Su función es obedecer los instintos que Dios colocó en ellas, y Él las cuida. Jesús dijo que si tu tienes una relación correcta con Él y le obedeces a su Espíritu que vive en ti, Dios también cuidará tus “plumas”. 

“Considerad los lirios del campo…” (Mateo 6:28): Crecen donde están sembrados. Muchos de nosotros nos rehusamos a crecer donde Dios nos siembra y, por consiguiente, no echamos raíces en ninguna parte. Jesús dijo que si obedecemos la vida que Dios nos ha dado, El cuidara de todo lo demás. ¿Mintió Jesucristo? ¿Estamos experimentando el mucho más que nos prometió? Si no es así, se debe a que no estamos obedeciendo la vida dentro de nosotros y porque hemos llenado nuestra mente de preocupaciones y pensamientos confusos. ¿Cuánto tiempo hemos desperdiciado al hacerle a Dios preguntas sin sentido, cuando deberíamos estar completamente libres para concentrarnos en nuestro servicio para Él? La consagración es el acto de separarnos continuamente de todo excepto de aquello para lo cual Dios nos ha llamado. No nos consagramos una sola vez y para siempre, sino que es un proceso permanente ¿Nos estamos separando y mirando a Dios cada día de nuestra vida? 

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16