Archive for March, 2016

Marzo 31

Si alguno ve a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte“, 1 Juan 5:16

Si no le prestamos atención a la manera en que el Espíritu de Dios obra en nosotros, nos volveremos unos hipócritas espirituales.

Cuando vemos dónde falla la gente, transformamos nuestro discernimiento en la burla y el desdén de la crítica y no en intercesión a su favor. Dios nos revela estas verdades sobre otras personas no por la agudeza de nuestra mente, sino por el discernimiento directo de su Espíritu. Si no le prestamos atención a cual es la fuente de la revelación, nos volvemos focos de crítica y olvidamos que Dios dice: “Pedirá y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte”. Ten cuidado, no sea que te conviertas en un hipócrita al gastar todo tu tiempo tratando de corregir a los demás, en lugar de tú mismo seres hallado adorando a Dios.

Una de las cargas más sutiles que Dios nos coloca como santos es la del discernimiento con respecto a otros. Él nos da revelación para que podamos aceptar la responsabilidad de esas almas delante de El y para que se forme en nosotros la mente de Cristo sobre ellas. Debemos interceder de acuerdo con lo que Dios dice que nos concederá, es decir, vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. No es que nosotros ponemos a Dios en contacto con nuestra mente, sino que levantamos y avivamos hasta el punto de que Él puede impartirnos su mente acerca de las personas por las que intercedemos. ¿Puede Jesucristo ver en nosotros los dolores de parto que hay en alma? No, a menos que estemos tan identificados con Él que nos avivemos para obtener una visión de las personas por quienes oramos. ¡Que podamos aprender a interceder con todo nuestro corazón para que Jesucristo esté satisfecho con nosotros como intercesores!

 

 

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

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31 de Março

Se alguém vir a seu irmão cometer pecado não para morte, pedirá e Deus lhe dará vida, aos que não pecam para morte“, 1João 5.16

Se não estivermos atentos à maneira através da qual o Espírito de Deus é operante em nós, acabaremos nos tornando nuns hipócritas falhados. Percebemos tudo sobre todos os pontos onde os outros falham e facilmente transformaremos nosso discernimento em crítica, em vez de ser em intercessão a favor deles. A revelação nos é feita, não através da nossa mente atenta, mas, da revelação directa do Espírito de Deus; e se não ficarmos atentos à fonte da revelação, seremos fontes de crítica e esqueceremos que Deus diz: “Pedirá e Deus lhe dará vida aos que não pecam para morte”. Tomemos cuidado para não agirmos como hipócritas, perdendo nosso tempo na tentativa de corrigir os outros, quando nós mesmos não adoramos a Deus e necessitamos ser antes corrigidos.

Um dos fardos mais subtis que Deus coloca em qualquer um de nós, seus filhos, é esse do discernimento relativamente a outras pessoas. Ele revela-nos tais coisas com a finalidade de podermos levar o fardo dessas pessoas para diante ele, descobrir o propósito de Deus quanto a elas e, na medida em que intercedemos de acordo com a vontade dele, Deus diz que nos dará “vida para os que não pecam para morte”. Então não se trata de “convencermos” a Deus daquilo que queremos, antes a nós mesmos e de crescermos na comunhão com ele, até que ele nos possa manifestar suas intenções em relação à pessoa por quem intercedemos diante Ele e a quem não mentimos.

Estará Jesus Cristo vendo o fruto do penoso trabalho de sua alma em nós? Não poderemos vê-lo enquanto não estivermos tão identificados com ele até que sejamos levados a perceber como ele vê as pessoas pelas quais oramos. Possamos nós aprender a interceder através de tal sinceridade que Jesus Cristo fique extremamente satisfeito connosco sendo intercessores fidedignos.

 

 

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Marzo 30

Y se asombró de que no hubiera quien intercediera“, Isaías 59:16, LBLA

Muchos de nosotros dejamos de orar y nos endurecemos hacia Dios porque sólo tenemos un interés emocional en la oración. Suena bien decir que oramos; y leemos libros sobre la oración que nos dicen que es provechosa y que por medio de ella nuestras mentes se tranquilizan y nuestras almas se elevan. Pero en este versículo Isaías da a entender que Dios está asombrado por semejantes pensamientos.

La adoración y la intercesión deben ir juntas y la una es imposible sin la otra. Interceder significa que nos levantamos y nos avivamos hasta alcanzar la mente de Cristo con respecto a la persona por quien oramos. Pero en lugar de adorar a Dios, le recitamos discursos sobre la manera en que se supone que debe funcionar la oración. ¿Estamos adorando a Dios o discutiendo con Él cuando le decimos: “Pero Dios, no veo cómo lo vas a hacer”? Esta es una señal segura de que no lo estamos adorando. Cuando lo perdemos de vista a Él, nos endurecemos y nos volvemos dogmáticos. Arrojamos nuestras peticiones ante su trono y le dictamos lo que deseamos que haga. No adoramos a Dios ni procuramos amoldarnos a la mente de Cristo.

¿Estamos adorando a Dios de modo que nos levantamos para aferrarnos a Él y tenemos un contacto tan íntimo que sabemos cuáles son sus pensamientos acerca de aquellos por quienes oramos? ¿Estamos viviendo una relación santa con Dios, o somos duros y dogmáticos? ¿Piensas que no hay nadie que interceda como debe ser? Entonces, sé tú esa persona. Sé tú quien adora a Dios y vive en una santa relación con Él. Involúcrate en el trabajo real de la intercesión y recuerda que es una tarea que demanda toda tu energía, pero que no tiene ningún riesgo oculto. La predicación del Evangelio entraña un peligro, pero la oración intercesora no tiene ninguno.

 

 

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

30 De Março
E maravilhou-se de que não houvesse um intercessor“, Is.59.16

A razão por que muitos de nós abandonamos a oração e nos tornamos amargurados contra Deus é que sempre tivemos um interesse somente sentimental pela oração. Soa bem dizermos que oramos; lemos livros sobre oração que nos dizem ser muito benéfica e que nos tranquiliza a mente e que eleva nossa alma quando oramos; mas, Isaías dá a entender que Deus fica estupefacto com os muitos pensamentos eloquentes sobre a oração.

Adoração e intercessão devem sempre caminhar juntas; uma é impossível sem a outra. Intercessão significa que nos despertamos para nos baptizarmos com a mente de Cristo em relação àquela pessoa por quem oramos. Com demasiada frequência, em vez de adorar a Deus, formulamos meras regras sobre como a oração funcionaria. Estaremos adorando a Deus ou argumentando com ele: “Não vejo como vais fazer isto”, dizemos a Ele. Tal atitude é sinal claro de que não estamos adorando a Deus, porque não estamos vendo quem ele é de facto. Quando perdemos Deus de vista, tornamo-nos endurecidos e dogmáticos. Atiramos nossas petições ao trono de Deus e lhe ditamos o que queremos que ele faça. Não adoramos a Deus, nem procuramos formar em nós a mente de Cristo. Se nos tornamos endurecidos para com Deus, seremos assim para com as pessoas também.

Será que estamos adorando a Deus de tal maneira que nos despertamos para buscá-lo, a fim de podermos compreender o propósito dele em relação às pessoas por quem oramos? Estaremos vivendo num relacionamento santo com Deus ou estamos sendo rígidos e dogmáticos?

“Mas não há ninguém intercedendo adequadamente”. Então seja você esse intercessor, seja você aquele que adora a Deus e vive através dum relacionamento santificado com ele. Entregue-se ao verdadeiro trabalho de intercessão, lembrando-se de que se trata de um trabalho, um trabalho que exige todas as suas energias; mas um trabalho sem riscos. O trabalho de pregar acarreta riscos, a oração intercessora, não.

 

 

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Marzo 29

Vosotros, pues, también estad preparados” Lucas 12:40

La necesidad más grande del obrero cristiano es estar listo para enfrentar al Señor en cualquier momento. Sin importar cuál haya sido nuestra experiencia, esto no resulta fácil.

La batalla no es contra el pecado, las dificultades o las circunstancias sino contra enfrascarnos de tal modo en nuestro servicio para Jesucristo, que no estemos preparados para mirarlo a Él de frente a cada paso.

La necesidad más grande es estar mirándolo a Él y no a nuestras creencias o doctrinas, o a la pregunta si somos o no de alguna utilidad para Él. Jesús rara vez se presenta en el lugar donde suponemos que lo hará.

Él aparece donde menos lo esperamos y siempre en las situaciones más ilógicas. La única manera en que un siervo se puede mantener fiel a Dios es al estar preparado para las visitas sorpresivas de Jesucristo. Lo importante no es el servicio, sino vivir intensamente la realidad espiritual, esperándolo en toda ocasión. Este sentido de expectativa le dará a nuestra vida la actitud infantil de confianza y respeto que Él desea que tengamos. Si vamos a estar listos para Jesucristo, debemos dejar de ser religiosos. En otras palabras, dejar de usar la religión como si fuera un estilo de vida elevado y ser espiritualmente reales.

Si estás evitando el llamado del pensamiento religioso del mundo actual y, en cambio, tienes “puestos los ojos en Jesús”, (Hebreos 12:2), si el máximo deseo de tu corazón es lo que Él desea y si piensas sus pensamientos, entonces te van a tildar de poco práctico y de soñador. Pero, cuando súbitamente Él aparezca en la obra durante el calor del día, tú serás el único que estará listo. No debes confiar en nadie e, incluso, no debes prestarle atención al santo más perfecto de la tierra, si él está impidiendo que mires a Jesucristo.

 

 

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

29 De Março
Ficai também vós apercebidos“, Luc.12.40

A grande necessidade do obreiro cristão é estar preparado para dar de caras com Jesus Cristo a qualquer momento. E não será fácil, não importa qual seja a nossa experiência. A luta aqui não é contra o pecado, ou dificuldades, ou circunstâncias, mas contra a tendência de estarmos tão absorvidos e consumidos pelo trabalho que não nos preparamos para estar frente a frente com Jesus Cristo a qualquer momento. Essa é a nossa grande necessidade – não a de encarar a nossa crença, ou o nosso credo, ou procurar descobrir se somos úteis ou não – mas encontrarmo-nos frente a frente com ele a qualquer instante.

Raramente Jesus aparece onde o esperaríamos; ele aparece onde e quando menos o esperamos e sempre da maneira mais imprópria e inesperada. A única maneira pela qual o obreiro se mantém fiel a Deus é estando sempre preparado para as visitas-surpresa do seu Senhor que disse apenas que vinha. Não é o serviço que importa, mas uma intensa vivência espiritual, na expectativa de que Jesus Cristo pode aparecer a qualquer momento. Será isso que gera em nós aquela atitude de admiração, própria nas crianças, que tanto lhe agrada. Se quisermos estar preparados para um encontro com Jesus Cristo, temos que romper com nossa religiosidade – parar de praticar religião como se ela fosse uma espécie de cultura mais elevada – e sermos espiritualmente autenticados.

Se você estiver com os olhos postos e fixos em Jesus, Heb.12:2, desviando-se dos apelos da era religiosa em que vive e fixando o coração naquilo que ele quer e nos pensamentos que lhe agradam sempre, será chamado de idealista e sonhador por esses mesmos religiosos; mas, quando ele aparecer na hora de maior calor desse dia, você será o único a estar preparado e eles não. Não deposite sua confiança em ninguém – nem mesmo no homem mais santo que tiver passado pela terra; se ele obscurecer sua visão sobre ou de Jesus Cristo, ignore-o por inteiro e sem dó.

 

 

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Marzo 28

Vamos de nuevo a Judea. Le dijeron sus discípulos…¿Y otra vez allá?” Juan 11:7-8

Es posible que yo no entienda las palabras de Jesucristo, pero es arriesgado afirmar que, por esta razón, Él estaba equivocado en lo que dijo. Nunca es correcto creer que mi obediencia a una palabra que Dios me dé le traerá deshonra a Jesús. Lo único que es deshonroso para Él es la desobediencia. Nunca es conveniente poner mi punto de vista acerca de su honor por encima de lo que Él me está guiando claramente a hacer, aunque pueda surgir de un deseo verdadero de impedir que Él sufra una vergüenza pública. Yo sé cuándo las instrucciones vienen de Dios por su apacible persistencia. Pero cuando tengo que pesar los pros y los contras y llegan la duda y la controversia, estoy permitiendo que entre en juego un factor que no es de Dios. Esto solamente me llevará a concluir que las instrucciones que me dio eran incorrectas. Muchos de nosotros somos fieles a nuestros conceptos sobre Jesucristo, pero ¿cuántos somos fieles a Él mismo? Fidelidad a Jesús significa que tengo que salir hacia donde no puedo ver nada (ver Mateo 14:29). Pero, ser fiel a mis propias ideas significa que primero despejo mentalmente camino. La fe, sin embargo, no es un entendimiento intelectual; la fe es un compromiso deliberado con la persona de Jesucristo, incluso cuando no puedo ver qué hay adelante.

¿Te estás debatiendo entre dar un paso por la fe en Jesús, o esperar hasta que puedas ver claramente la manera de hacer lo que Él te ha ordenado? Sencillamente obedécele con un gozo que no mida las consecuencias. Cuando empiezas a debatir algo que Él te dice, es porque tienes una noción errada sobre las cosas que lo honran. ¿Eres fiel a Jesús o a tus conceptos acerca de Él? ¿Eres fiel a lo que Él dice, o estás tratando de transigir con ideas que nunca vinieron de Él? “Haced todo lo que el os diga”, Juan 2:5.

 

 

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

28 De Março
Vamos outra vez para a Judeia. Disseram-lhe os discípulos… voltas para lá?” João 11.7,8

Posso até não compreender o que Jesus Cristo diz, mas é arriscado dizer que, por essa razão, ele pode estar enganado no que diz. É um absurdo absoluto pensar que um acto de obediência de minha parte para com Deus possa trazer desonra a Jesus. A única coisa que o desonrará é não obedecer-Lhe. Nunca é acertado permitir que a minha opinião tome o lugar de destaque acima da Sua honra nas coisas para as quais ele está claramente a impelir-me para efectuar, embora isso possa nascer também dum autêntico desejo de impedir que ele seja envergonhado. Sabemos quando uma ordem vem de Deus pela sua persistência calma. Quando, ao pesar os prós e os contras, surgem as dúvidas e os debates por dentro, isso indica que acrescentamos dados que claramente não vêm de Deus, o que me leva a concluir que acho que Seus mandamentos claramente não me eram familiares ainda. Muitos de nós somos leais às nossas ideias acerca de Jesus Cristo, mas quantos de nós somos leais só a ele? Ser leal a Jesus significa que tenho de dar um passo em frente sem ver onde estou pisando, Mat.14.19; ser leal às minhas ideias significa que primeiro avalio tudo com minha inteligência e só depois penso na inteligência de Jesus. A fé não é uma compreensão inteligente porque Jesus é mais inteligente e mais diligente que todos nós juntos; fé é uma deliberada entrega de mim mesmo a uma Pessoa, mesmo quando não estou enxergando nada.

Está na dúvida se deve dar um passo pela fé por Jesus ou se deve esperar até que possa ver como fazer a coisa por si mesmo? Obedeça-lhe alegre e despreocupadamente. Quando ele diz alguma coisa e você começa a questionar, é porque a sua concepção a respeito da honra de Cristo é diferente da que ele tem. Você é leal a Jesus, ou leal às ideias que tem sobre Ele ainda? Você é leal ao que ele diz, ou está tentando fazer concessões a conceitos que jamais viriam dele? “Fazei tudo o que ele vos disser”.

 

 

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16

Marzo 27

…Sube acá y yo te mostraré las cosas…” Apocalipsis 4:1

En estado de ánimo elevado proviene de unos hábitos elevados de carácter. Si en el nivel exterior de tu vida vives a la altura de más elevado y lo mejor que conoces, Dios te dirá continuamente: “amigo, sube aun más alto”. Con respecto a las tentaciones también hay norma que es continua y que da voces para que vayas más arriba. Pero cuando lo haces, te enfrentas a otras tentaciones diferentes y otros problemas del carácter. Tanto Dios como Satanás emplean la estrategia del ascenso, sólo que Satanás la usa para la tentación y su efecto es muy diferente. Cuando el diablo te pone en un lugar elevado, te lleva a que fijes tu concepto de la santidad más allá de lo que la carne y sangre jamás van a poder alcanzar. La vida se convierte en una actuación acrobática espiritual. Tú te encuentras en un pináculo, te aferras a el, apenas manteniendo el equilibrio y no te atreves a moverte. Pero cuando Dios te lleve por su gracia a los lugares celestiales, descubres un extenso altiplano donde te mueves con facilidad.

Compara tu vida espiritual de esta semana con la misma semana del año pasado y podrás reconocer cómo Dios te ha llamado a un nivel más alto. Él nos ha llevado a todos a ver desde un punto de vista más elevado. Nunca permitas que Dios te muestre una verdad que tú no vas a comenzar a vivir al instante. Esfuérzate siempre por aplicarla y mantente en su luz.

Tu crecimiento en la gracia no se mide por el hecho de que no hayas retrocedido, sino porque percibes dónde te encuentras en el nivel espiritual. Y has escuchado que Dios dice: “Sube más alto”, pero no te lo dice a ti personalmente, sino a la percepción que tienes de tu carácter.

“¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?”, Génesis 18:17. Dios tiene que ocultarnos lo que hace hasta que, debido al desarrollo de nuestro carácter, llegamos al lugar donde lo puede revelar a nosotros.

 

 

AVIVAMIENTOS

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“…Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo… y examinaba la causa que no conocía“, Job 29:15,16

27 de Março 
Sobe para aqui e te mostrarei (coisas)“, Apoc.4.1

Um bom estado de espírito só pode advir de bons hábitos partindo de nosso carácter. Se nas coisas exteriores de sua vida você estiver vivendo de acordo com o mais elevado padrão que conhece, Deus dirá continuamente: “Amigo, suba mais”. A regra áurea na hora da tentação é – suba mais. Quando você sobe mais, depara-se com outras tentações. Satanás usa a “estratégia da elevação” na tentação e Deus pode fazer o mesmo, mas para alcançar um efeito distinto. Quando o diabo o colocar num alto retiro, ele o obriga a torcer a sua noção de santidade, colocando-a acima do que a carne e o sangue suportariam; é uma façanha de acrobacia espiritual na qual você se sente precariamente equilibrado e não ousará mover-se dali com medo de tropeçar e cair; mas, quando Deus, pela sua graça, o eleva a lugares celestiais, em vez de encontrar um pináculo no qual necessita agarrar-se para não cair, antes achará uma enorme planície onde poderá mover-se com bastante à vontade.

Compare sua experiência espiritual desta semana com a da semana correspondente do ano passado para ver como Deus o tem chamado mais para cima. Todos nós estamos sendo levados a ver as coisas de um ponto de vista mais alto e mais sublime ainda. Nunca deixe de corresponder instantaneamente a qualquer verdade que Deus lhe revele. Desenvolva-a sempre, mantendo-se sob a luz total dela.

O crescimento na graça não é medido pelo facto de você não ter regredido, mas, pela percepção que tem de sua verdadeira situação espiritual, se ela a aproximou mais de Deus ainda; você talvez ouviu Deus dizer “Suba mais”, não a si pessoalmente, mas a essa percepção que você tem por dentro de seu próprio ser.

“Ocultarei a Abraão o que estou para fazer?” Deus tem que esconder de nós o que ele faz até alcançarmos o nível de carácter no qual ele nos possa revelar algo.

 

 

REAVIVAMENTOS

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“…Olhos para o cego e pés para o coxo… pai para o orfão e a causa que desconhecia, investiguei…” Jó 29:15,16